Vacunas VIP: pasó lo que no tenía que pasar


A última hora del viernes pasado Ginés González García fue relevado de su cargo como Ministro de Salud por proveer de vacunas a conocidos por fuera del esquema oficial. Carla Vizzotti asumió su lugar el sábado. El plan sanitario del gobierno frente a la pandemia pierde credibilidad.

Por Dr. Daniel Cassola

Uno de los pilares del gobierno en la administración de la pandemia fue la apelación constante a la solidaridad. El mensaje que se desprendió para sostener a la larga cuarentena a la que se sometió a los ciudadanos fue el de contribuir en el cuidado, sobre todo, de los más vulnerables frente al coronavirus. Al fin y al cabo, frente a esta enfermedad hay algo que iguala a todos los hombres. Los virus no distinguen jerarquía social ni ideología política para contagiar. También, de una y otra manera, todos se vieron afectados por las restricciones que se impusieron durante la pandemia.

La credibilidad de este discurso terminó de dinamitarse cuando el periodista Horacio Verbitsky, ligado al oficialismo, contó en la radio El Destape que el día anterior, o sea el jueves 18 de febrero, había concurrido al Ministerio de Salud para darse la primera dosis de la Sputnik V luego de conversar telefónicamente con González García. A partir de esta suerte de confesión involuntaria del periodista, de 79 años, comenzó a trascender una lista con algunos nombres que también se habrían vacunado de manera irregular, en la que hay un empresario y otros políticos como el senador Jorge Taiana y el diputado Eduardo Valdés.

La vacunación del presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, algunos gobernadores y los principales ministros del gabinete se entiende primero como impulso para una campaña de vacunación que es voluntaria y segundo por la importancia de las tareas que desempeñan. Pero que Verbitsky y un grupo de legisladores que no cumple tareas esenciales, para usar un término de moda, accedan a la vacuna por fuera de la fila en la que debe esperar el resto de la sociedad es un acto inmoral. La reacción del presidente, al solicitar la renuncia del funcionario es esperable pero no alcanza para sanear el daño que esta actitud produjo.

Ahora el ciudadano tiene derecho, más que nunca, a la indignación y el señalamiento. Argentina atraviesa una profunda crisis económica y social, con un arrastre de hace años pero que se profundizó severamente por las medidas necesarias para controlar a la pandemia. Hay comerciantes que cerraron sus negocios, trabajadores que perdieron su empleo y cientos de miles de argentinos que cayeron en la pobreza. Los vacunados por izquierda no sufren estos problemas. Todos tienen trabajos muy bien remunerados y viven, a comparación con el promedio, una vida lujosa. Hacer trampa, para usar un término suave, para vacunarse es mojarle la oreja a toda la sociedad que debe esperar la vacuna para poder trabajar con normalidad o reunirse con su familia después de casi un año.

Por lo sucedido el presidente Fernández sostuvo que “lo que pasó en el Ministerio de Salud no puede avalarse”. A su vez, la nueva ministra Vizzotti señaló que “de ninguna manera funciona un vacunatorio VIP, fue una situación excepcional”. Las palabras oficiales no alcanzan para tapar la desconfianza que la actitud de González García, Verbitsky y otros generaron. Al problema sanitario, económico y social que atraviesa Argentina ahora se agregó una cuestión moral. Lo de las vacunas VIP era algo que no tenía que pasar.

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