Un año difícil para la salud

Por Dr. Daniel Cassola

El combo de devaluación, recesión y crisis económica marcó un año difícil para gran parte de los argentinos. Por supuesto que la salud no es la excepción.

El deterioro de la situación económica se traslada rápidamente a todas las ramas de la actividad. Durante el año ya hemos comentado extensamente sobre la situación que afrontan las clínicas que atienden a las obras sociales nacionales, provinciales y sindicales.

Estos prestadores, que trabajan en el sistema de la seguridad social que atiende aproximadamente al 50 por ciento de los argentinos, vive una asfixia constante por los costos que aumentan al galope mientras que sus ingresos parecen ir a paso de hombre.

En síntesis, la inflación general, los merecidos aumentos de salario, los insumos en dólares, el costo de los servicios públicos, entre otros factores, han atacado la economía de las clínicas que ven sus ingresos fijos por las obras sociales, los financiadores del sistema. Económicamente, son empresas que no controlan sus costos porque por el carácter de la actividad (la salud) el recorte tiene límites muy concretos y a la vez no pueden ponerle el precio a lo que producen.

Desde el lado de las prepagas la situación económica se ha manifestado con la pérdida de afiliados, sobre todo los voluntarios, aquellos que no son derivados de una obra social y que cubren la cuota, o parte de ella, con los aportes que genera el trabajo. De todos modos, en las crisis los grandes actores suelen fortalecerse porque lo que suele suceder es que se produce una concentración en quienes tienen más espalda para soportar los malos tiempos.

Por su parte el sector público vive un momento de recorte. En principio la salud se devaluó dentro del gobierno nacional. Ya no existe el Ministerio de Salud como tal, sino que pasó a ser una secretaría subordinada a Desarrollo Social. Es más un gesto que una medida con efectos concretos. Ni en este ni en otros gobiernos el ministro de Salud, sea cual fuere, ha sido un personaje de peso en el gabinete. Los funcionarios de salud han ocupado, en el mejor de los casos, un lugar secundario.

Tampoco fue bueno el año para los jubilados que han visto cómo su haber se ha deteriorado frente a la escalada de los precios, al igual que la gran mayoría de los trabajadores.

El concepto es claro. Cuando la economía no ayuda casi todos sufren. A pesar de todo el optimismo y los buenos deseos se mantienen. Ojalá que 2019 sea mejor para todos. Nuestro deseo es que nuestros lectores y amigos lo puedan empezar de la mejor manera posible. Salud!

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