Siempre hay tiempo para aprender

Por Dr. Daniel Cassola

Una de las cosas que comienzan cuando empieza a terminar el año es la planificación del siguiente. Si, por ejemplo, queremos anotarnos en algún curso o carrera el momento suele ser ahora, diciembre.

Parte de los preconceptos que predominan en la sociedad sobre la tercera edad consisten en una visión que concibe a los adultos mayores como sujetos pasivos. Dado el caso, lo único que podrían hacer es pasear por las plazas, cuidar a los nietos mientras los padres trabajan y mirar televisión.

Quienes nos siguen desde hace tiempo saben que esto es totalmente falso. Los adultos mayores del siglo XXI son sujetos activos en muchos aspectos. Uno de ellos tiene que ver con la cultura y la educación.

Es probable que durante la vida laboral una persona no haya tenido el tiempo o los recursos para poder dedicarse a su formación. Estudiar, capacitarse es una actividad que insume bastante tiempo y no todos pueden encontrar los momentos para hacerlo.

Para aquellos que no lo pudieron hacer, la tercera edad es el momento. Puede ser desde cuestiones más sencillas como un curso para aprender a usar dispositivos tecnológicos o una computadora hasta una carrera universitaria.

Hay alrededor de 67 mil alumnos en las primarias para adultos de la provincia de Buenos Aires. Otros tantos se ven en las secundarias para adultos y hasta en las universidades públicas.

La experiencia se puede traspolar a otros niveles. Si una persona puede aprender a leer y escribir a los 90 años también puede incorporar cualquier otro tipo de conocimientos. Por eso la tercera edad puede ser una buena etapa para saldar cuentas pendientes para quienes no hayan terminado la secundaria, la universidad o incluso el posgrado.

Aprender además brinda una excelente oportunidad para socializar y entablar relaciones, conocer gente, hacer nuevos amigos. El de Emma es solo un caso más que demuestra que para aprender, nunca es tarde.

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