Se disparan los casos de diabetes y los daños oculares que produce

En un congreso mundial revelaron que este mal avanza más rápido de lo esperado: ya hay 382 millones de afectados.

Borrosa. La ruta de regreso a su casa de Ramos Mejía se ondulaba y Roberto Virgilio empezaba a ver un paisaje desdibujado, con reflejos. Había decidido suspender sus vacaciones en San Bernardo porque no se sentía bien. Tenía mucha sed, tomaba gaseosa y cada vez estaba peor. Al llegar a Buenos Aires le dijeron que tenía un pico de glucemia. Ahí descubrió que era diabético. Al tiempo, este fabricante de zapatos de 66 años, empezó a sufrir problemas en la vista: le diagnosticaron un edema macular, una enfermedad en el ojo que consiste en la acumulación de líquido en la retina. “Estás al horno”, le avisó su oculista. “¿Pero doctor, usted sabe lo que es para un zapatero no poder ver lo que está haciendo, no es lo mismo una costurita acá o más allá?”, lo atoró el paciente. Como él, se estima que en la Argentina hay 700.000 diabéticos con algún grado de retinopatía o problemas oculares. De ellos, 200.000 padecen edema macular y tienen la visión amenazada.

Los diabéticos crecen en silencio, sin pausa, escondidos detrás del sobrepeso, la mala alimentación y la falta de actividad física. Según datos oficiales, uno de cada 10 argentinos sufre la enfermedad, pero el 50% aún no lo sabe.

Miles de expertos de todo el mundo están reunidos en Niza, a orillas del Mediterráneo, para alertar sobre esta “pandemia” que mata en el mundo a una persona cada 10 segundos. Y sobre los graves problemas oculares que provoca. Ayer se presentaron acá los resultados globales sobre la enfermedad, que avanza más rápido que lo esperado: la Federación Internacional de Diabetes había pronosticado en 2006 que habría 380 millones de personas enfermas en 2025. No hubo que esperar tanto: esa cifra se superó en 2015. Ya hay 382 millones de afectados.

La diabetes lleva a tener valores elevados de glucemia (glucosa en sangre). Hay personas que nacen con ella y deben depender de la insulina de por vida. Pero la gran mayoría tiene la otra diabetes, la tipo II, que se desarrolla con los malos hábitos, el estrés y la vida sedentaria. Esta es una gran preocupación para la salud pública mundial, por las complicaciones que provoca a pesar de que es prevenible. Entre ellas, las alteraciones oculares.

De eso justamente se está hablando en esta ciudad de la Costa Azul que comienza a despedirse del verano: de qué se puede hacer por los pacientes diabéticos, como el zapatero de Ramos Mejía.
Según el estudio, la retinopatía diabética (se produce cuando el exceso de azúcar en sangre afecta a los vasos sanguíneos que riegan la retina) está en crecimiento. “Es una de las complicaciones más comunes asociada a la diabetes, pero solo uno de cada tres consulta a un oculista a tiempo”, alertó Peter Ackland, de la Agencia Internacional de prevención de la ceguera. En 20 años habrá en el mundo 64,5 millones de diabéticos con retinopatía o edema macular. Es porque los casos se diagnostican, en promedio, con 6 años de retraso.

El estudio, que abarcó a 41 países (entre ellos Argentina), fue realizado por la Agencia Internacional para la Prevención de la Ceguera, la Federación Internacional sobre el Envejecimiento, la Federación Internacional de Diabetes y la Academia de Medicina de Nueva York, y fue financiado por Bayer, aunque el laboratorio informó que no participó en el análisis de los datos de la investigación. “La clave de la retinopatía diabética es un diagnóstico precoz, ya que tiene buenos tratamientos”, afirmó a Clarín Lucio Arias, del Instituto Zaldivar. Entre ellos, láser, cirugías e inyecciones en el ojo, como las que empezó a aplicarse el zapatero Virgilio. Pero el costo de los tratamientos es aún una barrera para el 28% de los enfermos, según la encuesta.

Por eso, lo mejor es prevenir. “Es 20 veces más barato tratar a un paciente con retinopatía diabética o edema macular en forma temprana que tardía”, calculó Marcelo Zas, jefe de la Sección Retina del Hospital de Clìnicas, que recomienda por lo menos un examen oftalmológico anual obligatorio que debe incluir un fondo de ojo con pupila dilatada. “Este examen hay que realizarlo aunque el paciente note que ve bien, ya que en muchos casos la retinopatía no da síntomas hasta estadios avanzados”.

Fuente: Clarín

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