Que la sangre no llegue al río

Por Dr. Daniel Cassola

Cuando un sistema no funciona como corresponde la parte que falla siempre es la más débil. Hace años venimos comentando los problemas que tienen las instituciones de salud, tanto de gerenciamiento público como privado, para funcionar correctamente.

Por estas horas se habla de una posibilidad de un paro de clínicas y sanatorios para la semana que viene, el día 21, con otra medida similar para el día 28, si es que no obtienen respuestas. El conflicto es sencillo de explicar pero de difícil solución.

Como todos sabemos en los últimos meses ha habido una inflación creciente y una devaluación significativa que depreció al peso con respecto a las monedas extranjeras, fundamentalmente el dólar. En las instituciones de salud hay muchos insumos imprescindibles que son importados, por lo que su cotización está atada al dólar. No todo se produce en el país.

Por otra parte, las instituciones de salud también sufren la inflación corriente por los aumentos en las tarifas, los alimentos, la ropa, y los servicios en general. O sea, que para un prestador de salud el impacto económico ha sido doble. Por un lado la inflación, por otro la devaluación.

Si bien en este caso estamos hablando de las clínicas que se nuclean en las asociaciones ACAMI y ADECRA, o sea de gestión privada, la misma situación se manifiesta en los hospitales públicos. Desde febrero, hemos hablado con representantes médicos del sector público de todo el país que confirman este estado de situación.

Para el caso de los prestadores que dependen de la seguridad social y de las prepagas, es imposible manejar sus ingresos porque no fijan ni el valor de las prestaciones ni el valor de las cuotas u aportes que abonan los afiliados al sistema. En otras palabras, son los intermediarios entre las aseguradoras de salud y los pacientes.

Hace pocos días les comentamos sobre el cierre de varias clínicas pequeñas y medianas en la provincia de Buenos Aires. Llega un punto en que un sanatorio, como cualquier empresa, se torna inviable, y su administración puede decidir cerrarlo y liquidarlo antes de verse envuelta en problemas mayores. La diferencia, con cualquier otra empresa, es que toda la comunidad se ve afectada. Tanto los trabajadores que pierden su trabajo como los pacientes que se quedan sin atención y deben ir a saturar el hospital público.

Hemos estado ya ante estas situaciones en las que los prestadores han amenazado con parar. Sería sumamente grave que se llegue a la situación de que deban cumplir con la medida de fuerza. Es un escenario en el que pierden todos.

El anuncio del paro es una muestra más sobre la necesidad de planificar y diseñar un sistema de salud integrado. Dicho de otra manera, es necesario tener una política sanitaria seria que garantice la salud de la población.

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