Prohibido reunirse

Por decreto el Poder Ejecutivo prohibió las reuniones sociales en todo el país durante dos semanas. La importancia de la responsabilidad individual. Por ahora el índice de ocupación de camas de terapia intensiva permite sostener las demás aperturas comerciales y productivas.

Por Nicolás Bianchi

En el peor momento de la pandemia en Argentina, con ya más de 200 mil contagios certificados y 3600 muertes, parece registrarse el mayor sentimiento de hartazgo de parte de la población hacia la cuarentena y las medidas de distanciamiento social. No es una buena combinación, ya que se registra circulación comunitaria del virus no solo en el AMBA sino en una gran cantidad de áreas urbanas en todo el país.

Quien lea la noticia sobre la prohibición de las reuniones sociales por decreto podrá pensar ‘pero cómo, ¿no estaban ya prohibidas?’. Sí pero no en todos lados, y, una interpretación posible, es que se quiere dar un mensaje fuerte. En definitiva hoy todos los medios de comunicación repiten la información. La intención del gobierno seguramente es que todos escuchen o lean que as reuniones sociales están prohibidas, que no es momentos de asados, cumpleaños ni juntadas.

Técnicamente el decreto prohíbe “la realización de eventos culturales, recreativos y religiosos en espacios públicos o privados”, “los eventos sociales o familiares en todos los casos”, “la práctica de deporte en la que participen más de diez personas en la que no se cumpla un distanciamiento mínimo de dos metros”, y además la actividad en cines, teatros o centros culturales, el servicio de transporte público salvo para los exceptuados y el turismo.

Si bien para alguna provincia puede representar alguna novedad, o alguna nueva demora en la habilitación de actividades, la realidad es que en la mayoría del país, incluido el AMBA, es está prohibiendo lo que ya estaba prohibido. Ante la reticencia de la gente para cumplir el distanciamiento social, lo que se puede ver ya con frecuencia, por ejemplo, en los parques de la Ciudad de Buenos Aires durante los fines de semana, lo que se busca es que el mensaje se escuche.

Uno de los asesores del presidente popularizó la frase que dice que el virus no nos busca a nosotros sino que nosotros vamos a buscar el virus. En las actividades comerciales permitidas, por ahora, reina el orden. La población se acostumbró a esperar en fila fuera de los locales. Dentro de supermercados y otros comercios no se ve nada parecidos a una aglomeración. Y tanto en la calle como en los comercios se respeta, en gran medida, el uso de barbijo o tapaboca.

Pero todas esas conductas dejan de respetarse, se puede presumir, cuando se producen reuniones en casas o domicilios particulares. Luego de un tiempo de conversación los barbijos empiezan a molestar, la distancia se hace difícil de cumplir, la gente, que seguramente hace mucho tiempo que no se ve, se abraza, entra en contacto. Entonces, por cada asado, cumpleaños, festejo o reunión ‘clandestina’ hay un riesgo de contagio muy alto. El coronavirus tiene gran poder de contagio y si uno solo, asintomático y sin diagnóstico, porta el virus puede contagiar al resto de los reunidos.

Por ahora la situación se contiene gracias a que el sistema sanitario no se desbarrancó. Los servicios de terapia intensiva funcionan con índices de ocupación, por ahora, tolerables. Pero el ritmo de contagio está exacerbado. El promedio de hace una semana era 5 mil por día. Hoy parecen ser 5500 o 6 mil. No vale la pena desperdiciar el esfuerzo de más de cuatro meses por una reunión. Hasta que no bajen los positivos lo más sabio es sostener el distanciamiento social.

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