Prevención en las escuelas, una buena idea que se puso en marcha a medias

Por Dr. Daniel Cassola

El Programa de Salud Escolar apuntaba a que todos los chicos de las escuelas porteñas realicen un control de salud para poder detectar enfermedades pero, según un informe de la Auditoría General de la Ciudad (AGCBA), sobre un total de 106 mil estudiantes se chequeó a 64 mil, por lo que resta un 40 por ciento de la matrícula sin pasar por la vista de un profesional de la salud.

El organismo de control afirmó que “del 40% restante de los infantes que no fueron evaluados, se desconoce si padecían alguna enfermedad por la que debieran ser derivados, lo que implica que no recibirán tratamiento efectivo y oportuno”.

El objetivo del programa es disminuir la morbimortalidad de la matrícula porteña mediante controles integrales que garanticen la equidad en el acceso a la salud.

El mencionado universo de los asistidos es conformado por la totalidad de los alumnos y alumnas de escuelas públicas de la Ciudad, desde jardines maternales hasta adultos escolarizados, incluyendo a la educación especial. 

Los controles, también llamados screnning, deberían ser realizados por pediatras, enfermeros, odontólogos, fonoaudiólogos, trabajadores sociales, psicólogos y psicopedagogos quienes, con los móviles del programa irían a las escuelas con vacunas, balanzas, tensiómetros, tallímetros y demás herramientas de trabajo. 

Tras estas evaluaciones, la iniciativa se completaría con la entrega de la Libreta de Salud Escolar. El organismo de control, que aprobó su trabajo el año pasado sobre datos de 2015, observó que “ningún efector alcanza a cumplir la meta de examinar a todos los alumnos que se encuentran bajo su responsabilidad”, y añadió: “Los resultados más bajos se obtienen en educación media y especial”.

También sobre los efectores, el informe remarca que “no reciben información del Ministerio de Salud sobre la matrícula de alumnos a examinar”, y cada uno reúne esos datos -a su manera- al inicio del ciclo lectivo para proyectar metas y asignación de recursos.

Por ejemplo, trascendió que el Hospital Piñero intercambia mails con los colegios para acceder al listado de alumnos, mientras que en las salitas (los CeSACs) del área del Pirovano, esa comunicación es vía telefónica.

No obstante, de aquella información estadística se desprende que, aunque todos los equipos cuentan con especialistas, “el 47% de los alumnos no fue evaluado en salud mental, en fonoaudiología el 48% y en odontología el 26%”. Además, los técnicos agregaron que “la encuesta nutricional no se realizó al 68% de la población a la que se efectuó el control de salud”.

Por otra parte, la AGCBA comprobó que “no se realiza el seguimiento de los alumnosa través de todos los años en que se practica el screening”, es de decir que “cada ocasión de contacto, resulta aislada de la anterior y de la siguiente”.

En cuanto al aspecto normativo, el organismo de control apuntó que la Ley que dio origen al Programa de Salud Escolar, la 2.598, data de 2008 y, aunque la Ciudad tenía seis meses para reglamentarla, hasta ahora ese trámite nunca se completó. Una buena idea, necesaria para muchos chicos, que en el mejor de los casos, se llevó adelante a medias.

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