Por la obesidad la OPS apunta contra los alimentos “ultraprocesados” y hay polémica

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Por Dr. Daniel Cassola

La epidemia de obesidad es un hecho en casi todos, o todos, los países del hemisferio occidental. Por ello la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha categorizado a los alimentos en cuatro grupos: los que son sin procesar, los ingredientes, los procesados y los ultraprocesados.

Las características de los alimentos ultraprocesados son principalmente dos. Vienen envasados y prácticamente listos para comer, y tienen un bajo valor nutritivo mientras poseen alto contenido de grasa, azúcar y sal. Los productos más comunes que caen dentro de esta categorización son los snacks, las gaseosas, los fideos instantáneos y las empanadas de pollo.

Pero no todos están de acuerdo con esta caracterización. Desde la Sociedad Argentina de Nutrición, Mónica Katz sostiene que los grupos de alimentos “solo sirven para generar más temor y confusión en la gente”. Así, por ejemplo, un sachet de leche o un yogur pueden quedar en la misma categoría que las hamburguesas y las salchichas.

“En este planteo hay un problema semántico, confunde el procesamiento con la receta del producto. Es una confusión total. Lo que enferma es la fórmula de un producto, no el hecho del procesamiento, por eso creo que confunde”, sintetizó la especialista.

A su turno, Alberto Cormillot, coordinador de Alimentación Saludable del Ministerio de Salud, sostuvo: “Creemos que no es necesaria esa clasificación, sí creemos que es conveniente bajar las grasas, azúcar y sal de los alimentos, pero la idea de ultraprocesado, como concepto, no”.

Lo que sostiene Cormillot, y es atendible, es que, por ejemplo, la leche se procesa, se pasteuriza para que su consumo sea seguro. Por lo tanto, el hecho de que un alimento sea procesado no es nocivo en sí mismo.

Marcela Reyes, que integra la Unidad Nutrición Pública de la Universidad de Chile y que participó como parte de la secretaría de la OPS que definió el nuevo perfil de nutrientes, dijo que lo que se buscó es “salir de la mirada reduccionista de nutrientes y de cómo los nutrientes pueden provocar ciertas patologías, para pasar a hablar de los alimentos que contienen esos nutrientes. Porque comemos alimentos, no nutrientes. Precisamente, esa terminología ha sido generadora de confusión”. “Que si el colesterol es bueno o es malo, las grasas saturadas son buenas o malas, y es un péndulo de la nutrición. Parte de la confusión se da por mirar los nutrientes y no los alimentos”, añadió.

Al parecer es un tema que tiene más que ver con la comunicación que con el fondo de la cuestión. De lo que estamos seguros es que hay que reducir el consumo de sal, azúcar y grasa. Hay muchos alimentos procesados que contienen estos elementos en exceso, y otros no tanto. El mensaje tiene que ser claro porque la obesidad avanza sin pausa.

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