Pilas, botón: un gran peligro al alcance de los chicos

FUENTE: CLARIN – Buena vida – Es uno de los cuerpos extraños que más daño producen si se los tragan o se los colocan en la nariz o el oído. Pueden dejar secuelas y hasta provocar la muerte.

 

Mamá preparaba la cena y papá había salido a hacer unas compras. Ana Clara jugaba solita en su habitación hasta que rompió en llanto y alarmó a la mujer que salió disparada de la cocina. La nena no se había caído, no sangraba ni había chichones a la vista. “Me duele la nariz”, repetía. La mamá le hizo voltear la cabeza hacia atrás y ahí las vio: dos pilas botón brillaban dentro de los pequeños orificios nasales de su hija de tres años. Un accidente doméstico que puede provocar graves secuelas, e incluso la muerte, y que es más común de lo que se cree.

Son un peligro que late en el corazón de todo lo que atrae a los chicos: juguetes, relojes, cotillón luminoso y controles remotos. Redondas, chiquitas y brillantes, una vez que logran sacarlas de sus “escondites” capturan su atención. Y a la hora de explorar, para ellos todo vale, incluso la boca, la nariz y los oídos. “Dentro de los cuerpos extraños, las pilas botón son de los más riegosos, solo superadas por aquellos que pueden producir muerte por asfixia como una salchicha, una uva, una cereza, un tomate cherry, entre otros. Sacando esos, este es el más grave porque en poco tiempo de estar en contacto con la mucosa provoca daños. A la hora empieza a producir inflamación, congestión o edema. Entre las dos y las cuatro horas puede provocar lesiones y más tarde, necrosis, es decir que puede agujerear”, explica a Clarín Hugo Rodríguez, jefe del servicio de Endoscopía Respiratoria del Hospital Garrahan.

La peligrosidad de las pilas radica en sus múltiples mecanismos de acción. En primer lugar, el daño físico que puede provocar al obstruir la vía respiratoria o comprimir el canal auditivo. A eso se le añaden los químicos altamente tóxicos que contiene (mercurio, litio y cadmio), que son liberados progresivamente y absorbidos por el cuerpo al entrar en contacto con las mucosas. Además, los líquidos corporales facilitan la conducción de su carga eléctrica hacia el organismo. Y como si fuera poco, si su estructura está dañada puede liberar las sustancias corrosivas que contiene.

“Aún con muy poco tiempo de exposición, los chicos llegan con mucha corrosión”, cuenta Bibiana Paoli, jefa de Otorrinolaringología Infantil del Hospital de Clínicas, servicio por el que en los últimos siete años pasaron 320 niños que se habían introducido pilas en fosas nasales u oído. “Con solo estar apoyada en algún lugar ya provoca lesión. Y cuanto más nueva es más daño provoca”, alerta la médica y subraya la necesidad de controlar mucho a los pacientes “porque por más que saquemos las pila, la corrosión sigue trabajando, tenemos muchos chicos con perforaciones de tabique”. Y Rodríguez añade que “por más que ya no sirva para el control, igual tiene carga para lastimar”.

En la mayoría de los casos, los chicos que se ponen pilas están en compañía de un adulto (“hay que estar atentos porque son muy rápidos”, dice la especialista del Clínicas). Los síntomas van desde una crisis por asfixia o atoramiento, salivación, dolor abdominal o rinorrea (moco de un solo lado) constante, entre otras. Muchas veces los propios chicos son los que confiesan haberse introducido el cuerpo extraño. “Hay que hacer una consulta urgente para que le saquen una radiografía que muestre dónde está localizada la pila. Depende de dónde esté se evalúa si hay que sacarla en forma inmediata o no. Si está en la nariz o en el esófago la extracción tiene que ser inmediata, es decir, a las dos horas como máximo”, enfatiza Rodríguez. Si pasó al estómago, en cambio, se puede hacer un seguimiento con controles radiográficos para ver si la elimina por vía natural.

Entre las secuelas de mayor gravedad se encuentra la perforación del esófago. “El chico no puede alimentarse en forma natural, seguramente hay que hacerle una gastrostomía y muchas veces también son traqueotomizados”, explicó Rodríguez. En el Garrahan recibieron la derivación de un caso muy grave de Mendoza. El chico llegó con una fístula traqueoesofágica, necesitó múltiples operaciones de tráquea y de esófago y en una de esas cirugías se le produjo una mediastinitis que le provocó la muerte. En los últimos días circuló en redes sociales un video de hace unos años con la historia de Emmett, un nene estadounidense que pasó por 30 cirugías tras tragarse una pila de reloj y sufre graves secuelas.

En su desesperación, Nea, la mamá de Ana Clara, intentaba sacarle las pilas de la nariz con una pinza de depilar. Justo en ese momento llegó su papá Marcos con un amigo que la detuvo y los empujó a salir corriendo al hospital. En el Rivadavia intentaron sin éxito extraerlas con una pinza quirúrgica. Fue entonces que los derivaron al Clínicas, centro de referencia en los casos de nariz y oído porque cuenta con guardia las 24 horas.

“Hay que evitar que alguien que no sea médico y/o no tenga el instrumental necesario intente sacarla, porque ahí es cuando la podés profundizar más, se vuelve más difícil sacarla y es muy probable que la trague el chico, porque eso está todo comunicado”, comenta Paoli. La médica es la encargada de realizar los controles periódicos de Ana Clara quien, dentro de todo, la sacó barata. “En estos días se le cayeron las costras. Tiene una pequeña perforación que no va a necesitar operación. Se rastauraron los tejidos de la nariz por el tratamiento que hizo la doctora y su equipo. Fue un milagro. Está súper bien”, cuenta Marcos, su papá.

En esa recuperación, ellos también hicieron su parte. Durante la semana posterior a la extracción tuvieron que colocarle cloruro de sodio hipertónico cada media hora en las fosas nasales (“no dormíamos nada”) para ir “limpiando” la zona de químicos. A partir de la segunda una vez por hora y actualmente tres veces al día. Además de controles periódicos en el hospital.

El accidente ocurrió el mes pasado, a la vuelta de unas vacaciones en Viña del Mar, Chile. En un parque de diversiones, la nena ganó un celular de juguete que es de donde terminó sacando las pilas que se metió en la nariz. Extraerlas fue tarea de niños. Dice Marcos: “No nos dimos cuenta de que le faltaba el tornillito de seguridad. El otro día fuimos a comprar un juguete acá y tampoco lo tenía, así que le alertamos al vendedor”.

La mayor prevalencia de este tipo de lesiones por cuerpos extraños se da en niños de 1 a 3 años (la asfixia es una de las principales causas de muerte en ese grupo), pero los más grandes no están exentos. Los especialistas llaman a los adultos a poner especial atención en con qué juegan los chicos. Chequear que los juguetes sean acordes a la edad y que cumplan las medidas de seguridad (“si hay espacio para un tornillo, que el tornillo esté y si no reforzar con pegamento”. No dejar pilas al alcance de los chicos (“ni escondidas en un cajoncito, porque ellos pueden alcanzarlas igual”).

Profesionales argentinos participan del programa internacional Susy Safe, un registro de vigilancia de lesiones causadas por ingestión, aspiración, inhalación o inserción de cuerpos extraños que recopila datos de todos los países. En su sitio Web se puede encontrar más información sobre la problemática.

 

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