¿No tendremos ya un grave problema de adicción a los celulares?

Por Dr. Daniel Cassola

Según un reciente estudio de la consultora Deloitte el 89 por ciento de los argentinos posee un smartphone, el indicador más alto de la región. Hasta tal punto el celular ha penetrado en la vida cotidiana que la misma encuesta revela que la primera acción del día para el 28 por ciento de nosotros es revisar el teléfono. Antes, incluso, de ir al baño.

En la primera hora del día ya consultó el celular el 95 por ciento de los argentinos. Y para el 22 por ciento es siempre la última acción del día. Casi una tobillera electrónica con aplicaciones.

La Sociedad Americana de Medicina de las Adicciones define a la adicción como una enfermedad crónica del cerebro que busca la recompensa o alivio a través del uso de una sustancia u otras conductas. El ser adicto implica la incapacidad de controlar la propia conducta, dificultad para abstenerse del consumo y la disminución del reconocimiento de los problemas causados por el propio comportamiento. Siempre una adicción deriva en la disminución de la calidad de vida del adicto.

Los teléfonos celulares se han convertido en apéndices de nuestros cuerpos mediante los cuales podemos hablar, escribir, bromear, revisar las redes sociales y jugar.

Lo primero que parece resentirse ante el uso constante del teléfono son las relaciones interpersonales. El bip que alerta sobre un nuevo mensaje puede llegar a interrumpir el beso de una pareja. Si usted, por ejemplo, cuando se levanta a medianoche para ir al baño, revisa el teléfono para ver si tiene mensajes probablemente esté desarrollando una conducta adictiva, en línea con lo que marca la encuesta que comentamos.

Todos estos comportamientos, que se extienden en gran parte de la población, deberían ser considerados como una adicción. Quizás todavía no hayamos tomado conciencia del problema.

Se ha especulado, sin pruebas ciertas aún, sobre el efecto de las radiaciones que emiten y reciben tanto los celulares como las antenas. Pero el efecto más nocivo para nuestra salud no tiene que ver con eso sino con que los dispositivos móviles se han convertido en un obstáculo para mantener relaciones sanas con otras personas.

Y las conductas que describimos también pueden afectar nuestra salud de manera mucho más directa. Se considera que manejar un vehículo mientras se mandan mensajes de texto es peor que conducir ebrio, con todos los riesgos que eso implica tanto para el conductor como para terceros. Los peatones también se ponen en riesgo al usar el teléfono por la calle. Cuando solo hablábamos por celular al menos nuestros ojos podían estar ocupados en mirar hacia adelante. Ahora la pantalla absorbe por completo la atención de alguien que puede estar cruzando una calle sin observar los peligros que lo rodean.

Estas nuevas conductas han sido descritas vagamente de dos maneras. Se habla de tecnofilia, para describir el comportamiento de quien no se puede separar de un dispositivo tecnológico. En cambio se rotula como nomofobia al sentir ansiedad por no tener conexión a internet o por olvidarse el celular. En verdad esto es ya poco común. ¿Quién se olvida el celular en estos tiempos? Podemos salir de nuestros hogares sin las llaves o la billetera pero difícilmente lo hagamos sin el teléfono en la mano.

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