“No podemos perder el control”


La frase del ministro de Salud Ginés González García permite avizorar que en las zonas con más casos la cuarentena podría extenderse más allá del 10 de mayo. Sin vuelos hasta septiembre y sin fecha concreta para la reanudación de las clases, el efecto de la pandemia se extiende más de lo previsto.

Por Dr. Daniel Cassola

Las primeras sensaciones a fines de marzo eran que con un aislamiento de dos, quizás tres semanas, la pandemia se podía domar. Mientras España e Italia estallaban y sus sistemas sanitarios colapsaban aquí los casos se contaban con los dedos de las manos. En Argentina y en el mundo aún es incierto cuándo se retornará a algún tipo de normalidad.

La tercera fase de la cuarentena, llamada de segmentación geográfica, tiene fecha de vencimiento en el próximo lunes a las cero horas y si bien aún no están estrictamente definidos los próximos pasos, es muy posible que tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el Conurbano las restricciones más estrictas continúen. Ni siquiera se lograron implementar los paseos de una hora que había sugerido el presidente Alberto Fernández hace una semana.

Si bien no hay precisiones algunas cuestiones pueden tratar de adivinarse. Durante el fin de semana el ministro Ginés sostuvo que habrá “apertura de actividades pero en base a la situación de los contagios en cada distrito”. También sostuvo que es necesario comenzar a retomar “actividades sociales y productivas” y señaló que “el transporte es el gran vehículo de la pandemia”.

Los casos de coronavirus están muy por debajo de las previsiones, optimistas o pesimistas, por lo que el gobierno entiende que la cuarentena funciona. Pero inevitablemente aumentan. Es más rápido el ritmo de los contagios que el de las recuperaciones. Los nuevos enfermos no bajan de 100 al día desde hace más de una semana. Ya hay más de 200 muertos.

En comparación con otros países la situación es idílica, en cuanto a la pandemia, pero mientras tanto los problemas económicos se acumulan. La reactivación es necesaria para muchos sectores. Por lo narrado hasta aquí evidentemente va a ser de a poco. A pesar de las mayores libertades otorgadas a las provincias y a las aglomeraciones de menos de 500 mil habitantes la reactivación de actividades ha sido muy tenue. Parecería que nadie se quiere arriesgar a levantar las prohibiciones y sufrir un brote de casos.

La vuelta al trabajo fuera de casa y a la vida en contacto social va a ser muy lenta. Recién se están explorando alternativas para que en el AMBA se vuelva a usar el transporte público de forma masiva. Se piensa en un sistema de combis públicas que conecten el conurbano con la ciudad para aliviar trenes y colectivos, entre otras cosas. Lo cierto es que para viajar con distanciamiento en colectivos y subtes o se requiere una imposible inversión en infraestructura o que gran parte de los usuarios siga sin viajar.

Otras actividades ni siquiera tienen el retorno en el horizonte. Los vuelos están suspendidos al menos hasta septiembre. Las clases no tienen fecha cierta de comienzo y es improbable que vuelvan durante el invierno. El fútbol, quizás el espectáculo más importante del país, podría no volver con público por lo que resta del año.

La pandemia y la cuarentena no tienen aún fecha de conclusión. El futuro sigue teñido por una incertidumbre que todavía está lejos de disiparse.

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