Naciones Unidas y otras organizaciones buscan que las vacunas sean un bien público mundial

El objetivo es garantizar que estén disponibles de forma equitativa en todos los países, y no sólo para aquellos que hacen las ofertas más altas por ellas. Los países más ricos del mundo, de donde son oriundas las compañías que las desarrollaron y las producen, por ahora se oponen.

Por Dr. Daniel Cassola

El Comité Internacional de Bioética (CIB) de la UNESCO y la Comisión Mundial de Ética del Conocimiento Científico y la Tecnología (COMEST) piden un cambio de rumbo en las actuales estrategias de vacunación contra el Covid-19, según sostuvieron en un encuentro virtual junto a Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, y el profesor Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos). 

“Cuando se anunciaron las campañas de vacunación en todo el planeta, el mundo respiró aliviado”, declaró la directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay. “Pero sin la solidaridad, estamos lejos de lograr el objetivo, y más de 130 países aún no han recibido una sola dosis y, hasta ahora, los más vulnerables no están protegidos”, agregó. Mientras que algunos países avanzados han conseguido vacunas suficientes para proteger a toda su población dos, tres o cinco veces, el Sur del planeta se está quedando atrás. Tal como están las cosas hoy, los habitantes de muchos países en desarrollo no tendrán acceso a las vacunas hasta bien entrado el año 2022.

 “No terminaremos con la pandemia en ningún lugar si no acabamos con ella en todas partes”, dijo Tedros. “En última instancia, la equidad en las vacunas no es sólo lo correcto, sino la mejor manera de controlar la pandemia, restablecer la confianza y reiniciar la economía mundial”, añadió. Por su parte, el profesor Sachs pidió al Fondo Monetario Internacional que permita a los países en desarrollo recurrir a los derechos especiales de giro para financiar el desarrollo de vacunas, y añadió que los países desarrollados deberían ser más solidarios y contribuir a la financiación del mecanismo COVAX, la iniciativa de la ONU para la distribución equitativa de las vacunas en todo el mundo.

En primer lugar estas organizaciones consideran que la industria farmacéutica tiene la responsabilidad de compartir la propiedad intelectual obtenida con apoyo de los gobiernos para permitir a los fabricantes de todos los países el acceso a las vacunas para todos, que deberían considerarse un bien público mundial. Pfizer, AstraZeneca, Moderna y los demás laboratorios privados que desarrollaron las vacunas recibieron inversiones directas o a modo de compras anticipadas con más de seis meses de antelación de distintos estados en todo el mundo. Por eso hoy en Europa hay quienes quieren pleitear contra los laboratorios que no pueden cumplir con los plazos prometidos.

El Comité y la Comisión también subrayan la responsabilidad de la industria farmacéutica de invertir en fábricas capaces de producir vacunas de la mayor eficacia posible y facilitar su rápida distribución allí donde sea necesario. El concepto de que la pandemia se va a terminar verdaderamente cuando concluya en todas las regiones del mundo es una idea que se está repitiendo desde hace tiempo. La economía global no se va a recuperar hasta que todo vuelva a ponerse en marcha porque, justamente, tiene carácter mundial. La globalización hace que la pandemia sea un problema de todos. El ‘sálvese quien pueda’ no solo es un mal camino sino una opción que puede llegar a retrasar la solución defintiva.

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