Millones de jubilados en la calle, un caos evitable


Hoy se habilitó el pago en bancos para 2,3 millones de jubilados y beneficiarios de obras sociales que no usan tarjetas para operar por cajeros automáticos. Los bancos colapsaron y expusieron a los adultos mayores al frío y el posible contagio.

Por Dr. Daniel Cassola

Sería un desafío planificar algo de peor manera que como se comenzó a efectuar hoy el pago a más de 2,3 millones de jubilados, pensionados y beneficiario de planes sociales. La gente acudió masivamente a las sedes de los bancos y muchos esperaron en fila en la calle desde la noche anterior.

Hoy se cometió el primer gran error desde el comienzo de la cuarentena, porque cientos de miles de jubilados en todo el país fueron expuestos al contagio y el frío durante horas. En vez de segmentar y mantener los bancos abiertos durante más tiempo se trató de solucionar todo como si fuera una jornada normal.

Hay millones de personas que están incorporadas al sistema bancario a la fuerza por lo que no se manejan ni con tecnología ni con tarjetas. Van al banco a cobrar como a mediados de siglo XX. Si bien sería aconsejable y más práctico es muy difícil que tanta gente cambie sus costumbres abruptamente. Por otro lado todos los que cobran beneficios sociales deben hacer una gran cantidad de trámites periódicamente, por lo que luego de dos semanas de bancos cerrados hoy era una buena oportunidad.

Dice el dicho que si todos los clientes van al banco al mismo tiempo a retirar el dinero el banco quiebra. Aquí, en circunstancias extraordinarias como las que atraviesa Argentina y el mundo por estos días, sucedió algo así. Todo colapsó, no por falta de dinero, sino por falta de organización. A la gran afluencia de gente se le sumó que, por los nuevos protocolos de seguridad, la atención es menos ágil, pocos clientes pueden ingresar al banco al mismo tiempo y la mayoría debe esperar en la calle.

Según cuentan las crónicas políticas a medida que durante la mañana los medios de comunicación dieron cuenta del desastre que estaba sucediendo en cada sede bancaria abierta se intensificaron las comunicaciones en Miguel Pesce, titular del Banco Central, Alejandro Vanoli, a cargo de la Anses, y Sergio Palazzo, secretario general del gremio de los bancarios. La solución, por ahora, es extender el horario de atención y abrir extraordinariamente los bancos durante el fin de semana. Un domingo con los bancos abiertos debe ser algo para buscar en los libros de historia.

Para el corto plazo, esto es hasta el término de esta segunda cuarentena el 13 de abril, se debería pensar si la atención en los bancos para gente que no opera con tarjeta puede ser considerada una actividad esencial. No es muy distinto el trabajo, y el riesgo, al que estarían expuestos los cajeros de los bancos si los comparamos con sus pares de supermercados. Es más, por la estructura de los bancos es más sencillo cumplir con el aislamiento ya que por la distancia y las ventanillas, las medidas de prevención parecerían más fáciles de cumplir.

Ya a mediano o largo plazo, algo infrecuente en el horizonte argentino, se debería considerar por qué tanta gente no utiliza los cajeros y las tarjetas, por qué sigue siendo tan necesario el efectivo, por qué todavía hay tantos comercios que solo aceptan dinero en papel. En definitiva, se trata de no exponer a los adultos mayores, el grupo de mayor riesgo en esta pandemia.

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