Maradona, el crack de la medicina


Por Dr. Daniel Cassola

Esteban Laureano Maradona nació el 4 de julio de 1895, y por su vida y obra se ha establecido a todos los 4 de julio como el Día del Médico Rural. Su vida fue de un altruismo ejemplar y se la dedicó al ejercicio de la medicina en atención de los más necesitados. Durante 50 años ejerció su profesión en Estanislao del Campo, una localidad formoseña donde abunda la escasez.

Consultado por su tarea, hizo gala no solo de su sabiduría sino también de su humildad: “Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, éste es bien limitado, yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer bien a mis semejantes”.

Maradona tuvo una vida cinematográfica. Su familia era ilustre. Entre sus antepasados hubo varios gobernadores de la provincia de San Juan, diputados, legisladores y estancieros. Su abuelo, Waldino Maradona, fue senador nacional y amigo de Domingo Faustino Sarmiento.

Esteban se crió entre Santa Fe y Buenos Aires, donde se recibió de médico en 1926. Al poco tiempo emigró hacia Resistencia, por entonces capital del Territorio Nacional del Chaco. Entre 1931 y 1932 dio una serie de conferencia sobre seguridad laboral que lo enfrentó al gobierno nacional de facto, comandado por José Felix Uriburu.

Decidió entonces irse al Paraguay, donde estaba comenzando la Guerra del Chaco, que enfrentó a la nación guaraní con Bolivia. Maradona se anotó como médico camillero para asistir a los heridos de ambos bandos. “El dolor no tiene fronteras”, sostuvo. En Asunción lo metieron preso porque el gobierno paraguayo lo consideró un espía del enemigo. Con el tiempo, Maradona llegó a director del Hospital Naval de Asunción, manejó una colonia de leprosos y hasta vivió un romance con la sobrina del presidente paraguayo Eusebio Ayala.

En 1935 decidió volver a la Argentina, a pesar de que el gobierno paraguayo intentó retenerlo con los más altos honores. Tomó un tren que hizo una parada en Estanislao del Campo, una localidad ubicada en medio del monte formoseño. Su población vivía en un villorrio compuesto por un puñado de ranchos sin ningún tipo de servicio ni comodidad. Le pidieron que asista a una parturienta y Maradona lo hizo. Luego le pidieron que se quede porque no había ningún médico en muchos kilómetros a la redonda y Maradona también lo hizo. Por 50 años.

Al principio tuvo que superar un sinnúmero de obstáculos. A las carencias materiales se sumaba la presencia de los indios, que rodeaban los ranchos de aquel monte. “Cuando yo llegué empezaron los problemas. Todo esto era monte, solo había cuatro o cinco ranchos y estaba todo rodeado de indios, que por otra parte me querían matar. Tanto que uno de ellos, que era famoso, me agarró de las solapas y me sacudió, amenazándome. Pero nunca les tuve miedo ni me demostré asustado. Y no por dármelas de valiente. Sino que soy así nomás. Pero con la palabra dulce y la práctica de la medicina, tratando las enfermedades, dándoles tabaco y consiguiéndoles ropas, las cosas fueron cambiando”, contó Maradona.

En Estanislao del Campo Maradona luchó y erradicó la tuberculosis, el Chagas, la sífilis y el cólera. Consiguió terrenos fiscales y fundó una colonia aborigen, Juan Bautista Alberdi, en la que enseñó a los indios a levantar sus viviendas, alimentarse y cultivar el suelo. Además denunció la explotación de los indios en los ingenio azucareros y erigió una escuela rural donde dictó clases. Realizó también, y publicó en forma de libros, estudios antropológicos sobre los indios y la flora y fauna de la región.

A los 90 años, ya enfermo, se mudó a Rosario para estar a cuidado de un sobrino. Vivió hasta los 99 años. Murió el 14 de enero de 1995. Como reconocimiento, por esos días se popularizaron unos versos en su homenaje:

Sea quichua, toba u ona

la tribu no importa mucho

la caridad llegó al indio

de la mano de Maradona.

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