Los trabajadores de salud italianos, héroes en la guerra contra el coronavirus


Europa se ha vuelto el centro de la pandemia desde que China logró el control del brote. Italia es el país con más muertos por el coronavirus, con el detalle que de los 75 mil infectados, 5 mil trabajan o trabajaban en el sistema de salud. Hay, al menos, 33 muertos médicos y dos casos de enfermeras que se suicidaron.

Por Dr. Daniel Cassola

La pelea cotidiana en Italia contra la pandemia que afecta a todo el mundo se parece mucho a una guerra. Primero por la gran cantidad de afectados y de muertos. Hoy el país Europea lidera los conteos mundiales con 7503 muertos y 75 mil casos diagnosticados. Desde hace días que por jornada se informan entre 500 y 750 muertes, como si fueran caídos en una trinchera.

Los que juegan el papel de los soldados son, sin dudas, los médicos y trabajadores de la salud, que se han enfermado por miles en el trabajo cotidiano contra el virus. También se registran casos de médicos y enfermeras muertos, algunos por la infección, otros por el estrés derivado de contemplar tanta desolación.

El médico Filipo Anelli, presidente de la Federación Nacional Médicos Cirujanos y Odontólogos (FNOMCeO), comentó: “Ya no podemos permitir que nuestros médicos, nuestros trabajadores de salud, sean enviados a combatir el virus con las manos desnudas. Es una lucha desigual, que nos perjudica, perjudica a los ciudadanos y perjudica al país”.

Otro de los rasgos de la guerra que se notó en Italia fue la desorganización. Cuando la batalla comenzó la sociedad se desarticuló y no parece haber habido nadie que piense el día a día con una visión estratégica. Y, en las guerras, la desorganización cuesta vidas. Por ejemplo, el médico jubilado Giuseppe Fasoli, heroicamente y pese a pertenecer a los grupos de mayor riesgo, decidió presentarse como voluntario en Brescia, donde faltaban brazos especializados para trabajar contra el coronavirus. Allí se contagió y murió unos días después.

Lo que los médicos y sus organizaciones están advirtiendo es que a veces el voluntarismo puede jugar una mala pasada y ser contraproducente. Ante el colapso del sistema sanitario, la falta de materiales necesarios y los pocos recaudos, miles de profesionales se contagiaron, y a la vez, propagaron la pandemia.

Los casos más dramáticos, probablemente, sean los de dos enfermeras que decidieron quitarse la vida en medio de la lucha contra el coronavirus. Daniela Trezzi, enfermera de 34 años, fue encontrada colgada en el Hospital de Monza, donde trabajaba en el área de terapia intensiva. ¿Cuántas de las cientos de muertes que se informan a diario pudo tolerar antes de estallar? ¿Cuánta muerte puede aguantar un ser humano en uso de sus facultades cognitivas? No fue la única. Se registró otro caso similar en el Véneto, donde Silvia Luchetta, de 49 años, se arrojó al mar. También trabajaba en terapia intensiva, en este caso en el Hospital Jesolo.

Cuando Italia logre aplanar la curva de contagios y muertes y pueda domar la epidemia llegará el momento de pensar en lo que se hizo bien y lo que se hizo mal. Seguro habrá protocolos que cambiarán para siempre. El trabajo en salud debería pasar a ser más valorado.

Seguramente los médicos, enfermeras y trabajadores de la salud que se contagiaron y murieron serán recordados como héroes.

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