Los “jóvenes viejos” que a temprana edad ven deterioradas sus arterias

Por Dr. Daniel Cassola

El estudio ÓPTIMO, publicado esta semana en Journal of Human Hypertension, encontró envejecimiento vascular acelerado (EVA) en el 6% de los participantes de la muestra, con una edad promedio de 50. Con el paso de los años, las arterias van perdiendo su elasticidad, por eso no sorprende hallar rigidez en los vasos de las personas mayores. Fue en los adultos jóvenes en quienes se observó mayor frecuencia: uno de cada 10 menores de 40 y casi el 20% de los menores de 30 tenían las arterias más rígidas que lo esperable para su edad.

Cuando la edad biológica avanza más rápido que la cronológica es señal de que algo anda mal, al menos en lo que a salud cardiovascular se refiere. Detectar ese desajuste para actuar en forma preventiva es posible, sugieren investigadores argentinos que midieron la frecuencia de envejecimiento arterial precoz en adultos jóvenes en la investigación que incluyó a 1400 personas de 20 años en adelante de 12 países de Latinoamérica.

El EVA es un concepto clínico que se refiere a la observación de un mayor endurecimiento de la pared arterial (arterioesclerosis) en comparación con lo esperado según la edad cronológica. “La rigidez es un predictor pronóstico a largo plazo de infarto, accidentes cerebrovasculares (ACV), trastornos cognitivos, insuficiencia renal. La detección a través del uso de tecnologías simples podría ayudar a seleccionar a estos grupos con mayor riesgo cardiovascular, dado que merecen una intervención preventiva y un seguimiento más intenso”, explica Botto en diálogo con Clarín.

“Nuestro estudio sugiere que en adultos jóvenes, de entre 20 y 40 años, la presencia de dislipidemia (colesterol y/o triglicéridos elevados), hipertensión y probablemente fumar puede contribuir al desarrollo temprano de rigidez arterial, comenzando incluso alrededor de los 20 años cuando la atención médica se solicita menos”, afirman los autores principales del trabajo Fernando Botto y Carol Kotliar, integrante y jefa -respectivamente- del Centro de Hipertensión Arterial y Envejecimiento Vascular del Hospital Universitario Austral, en diálogo con el diario Clarín.

Los participantes -un 80% argentinos, pero también de Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y El Salvador- proporcionaron información sobre su estilo de vida (hábitos alimenticios, consumo de alcohol, tabaquismo y actividad física), antropometría e historial médico. Fueron reclutados en centros médicos, lugares de trabajo y centros comerciales, por lo que no se trata de un muestreo aleatorio, lo que eleva el sesgo. Se les midió la velocidad de la onda del pulso (VOP) y la presión arterial utilizando un sencillo dispositivo, semejante a los aparatos automáticos para tomar la presión. Es no invasivo, de bajo costo y tiene riesgo cero para el paciente. Se coloca en el brazo, se infla y desinfla varias veces y arroja una serie de datos hemodinámicos, entre ellos el VOP, que indica si las arterias están rígidas o elásticas, lo que permite establecer si la “edad arterial” está dentro o fuera del rango esperado.

Los resultados obtenidos son “un llamado de atención acerca de la elevada prevalencia de envejecimiento prematuro cardiovascular en adultos jóvenes”, considera Kotliar. La presión arterial elevada, el colesterol alto, el exceso de peso, el sedentarismo, pero también cierta predisposición genética pueden incidir en que una persona de 40 años, por ejemplo, tenga las arterias de una de 60, tanto por la rigidez como por la formación de placas en su interior.

Sobre una muestra de la población se realizará un seguimiento a cinco años para conocer su evolución de acuerdo a su edad arterial, pero sin dudas, la información disponible constituye una alerta que debe ser tenida en cuenta.

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