Los desastres que ocasionan los padres “antivacunas”


Por Dr. Daniel Cassola

A pesar de la probada seguridad y eficiencia de las vacunas en la prevención de las enfermedades hay una peligrosa moda que se ha difundido por todo el mundo. Consiste en sustentar disparatadas teorías que sostienen no solo que las vacunas no tienen los efectos descriptos sino que podrían causar algún mal.

Son los denominados “antivacunas”. Toda creencia puede ser respetada siempre y cuando no genere un daño en otras personas. Si alguien elije creer que el mundo es plano y está sostenido por tortugas gigantes, bueno, es un problema de esa persona que sostiene algo sin ningún tipo de rigor científico. Pero no está ocasionando ningún daño a la sociedad.

En cambio quienes promulgan y practican falsas creencias con respecto a las vacunas sí generan un daño a sus hijos y a su entorno social. Las vacunas son eficaces, pero más aún si más miembros de una comunidad las usan. Cada una es un escudo contra la enfermedad, cuantos más protección menos probabilidades de contagio.

Veamos algunos ejemplos de los últimos días. En las últimas décadas Costa Rica llevó adelante exitosas políticas de vacunación contra el sarampión. Tal es así que el último caso, hasta esta semana, se había registrado en 2014.

El record lo quebró una familia francesa que viajó de vacaciones al país centroamericano. Ni la madre ni su hijo estaban vacunados contra el sarampión, y para peor, se habían detectado algunos casos en la escuela a la que asiste al niño. Al llegar a Costa Rica presentaron síntomas y los tres (el padre también) fueron internados y aislados.

Para tener noción del peligro que constituyen estas personas que optan por creer en falsedades pseudo científicas vale decir que la Organización Mundial de la Salud considera a los movimientos anti vacunas, que tienen amplia difusión por distintos canales de internet y redes sociales, dentro de las diez amenazas más severas para la salud pública en la actualidad.

Otro caso difundido en las últimas horas es aún más terrible. Lo contó una madre “arrepentida” en la red social Twitter. Se trata de una familia venezolana que no estaba convencida sobre la aplicación de la vacuna de la varicela en uno de sus hijos. Para peor, cuentan que realizaron una consulta con un pediatra que les dijo que se trataba de una decisión personal, que no había mucho riesgo de contraer la enfermedad.

Tal es la falta de información de la pareja venezolana que contaron que cuando la hija mayor contrajo varicela desearon que lo mismo sucediera con el hijo más chico, de dos años y medio, porque les habían dicho que cuanto más de pequeño se contrae la enfermedad menos molesta resulta.

La historia concluye trágicamente. Si bien la mayor pudo superar la enfermedad el hijo menor quedó incapacitado de por vida. El virus de la varicela permaneció en sus nervios luego del tratamiento y fue diagnosticado con el síndrome de Ramsay Hunt. Tiene la enfermedad latente y sufre de parálisis facial permanente, pérdida parcial de la audición y daño en uno de sus ojos.

La lección es muy simple. No hay que creer en pavadas. Los calendarios de vacunación están diseñados por expertos y hay que cumplirlos a rajatabla.

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