Los antivacunas operan y empeoran los indicadores sanitarios en América


Por Dr. Daniel Cassola

Nuestro continente es líder en el control y la eliminación de enfermedades prevenibles con vacunación. Pero, desde hace un tiempo, afronta el avance de un movimiento antivacunas que, aunque no ha tomado la fuerza que tiene en otras regiones, viene aumentando su influencia en medio de la alarma por la reaparición de brotes como el de sarampión.

En 2016, América se convirtió en la primera región del mundo en ser declarada libre de sarampión, como ocurrió con la viruela (1971), la poliomielitis (1994), la rubéola y el síndrome de la rubéola congénita (2015).

Sin embargo, desde 2018 se confirmó una nueva circulación del virus del sarampión y la reaparición en Venezuela y Brasil de la transmisión endémica, a lo que se sumó este año un brote en Estados Unidos. Esto ha coincidido con la advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que la desconfianza, la renuencia y el rechazo a la vacunación es ahora una de las principales amenazas a la salud a nivel global.

En Estados Unidos alrededor de mil personas han sido infectadas de sarampión en lo que va de año desde que se detectaron los primeros casos entre la comunidad judía de Nueva York, pese a que este virus había sido erradicado del país en el 2000. La mayoría de niños infectados no habían sido vacunados, una decisión que los padres justificaron abiertamente en ideas religiosas, filosóficas o en la creencia de que la inyección incrementa las posibilidades de sufrir autismo.

A su vez, la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) también genera resistencias en Costa Rica, Colombia y otros países de la región. Por las redes sociales circula información falsa sobre sobre supuestos efectos adversos, como que motiva a comenzar las relaciones sexuales a temprana edad en las mujeres.

En Colombia unas 400 niñas sufrieron desmayos, fiebre, pérdida de peso y dolores estomacales supuestamente luego de recibir gratuitamente la vacuna contra el VPH, situación que el Gobierno calificó de “sugestión colectiva”.

En Brasil la aplicación de siete de las ocho vacunas obligatorias para niños se redujo y el año pasado acabó por debajo de la meta estipulada del 95 por ciento. Ese descenso se dio simultáneamente con el auge de movimientos antivacunas en las redes sociales del país, donde el mayor grupo contra las inmunizaciones en Facebook cuenta ya con más de 13 mil miembros.

En Argentina, tras la aprobación en diciembre pasado de una ley que establece la “obligatoriedad de aplicarse las vacunas”, se ordenó inmunizar a un recién nacido contra la hepatitis B y la tuberculosis, desoyendo los reclamos de los padres sobre efectos secundarios como un supuesto peligro de muerte súbita.

 “Esto se ha convertido en la punta de lanza de un gran problema que erosiona la confianza en los principios médicos y científicos”, aseguró Scott Ratzan, miembro del Directorio de Salud Global de las Academias de Ciencia, Ingeniería y Medicina de los Estados Unidos. “Si el mundo pierde la confianza en los avances médicos, como el hecho probado hace siglos de que las vacunas previenen millones de muertes, ¿qué nos espera?”, agregó Ratzan.

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