Las tragedias viales se repiten alimentadas por el alcohol

Por Dr. Daniel Cassola

Hace unos días un joven provocó una tragedia en la Autopista del Oeste, a la altura de Ituzaingó, cuando impactó primero a un motociclista y luego a un camión cisterna, que terminó volcado. Los conductores de ambos vehículos fallecieron en el instante mientras el causante del desastre resultó relativamente ileso.

Luego, el canal Crónica transmitió imágenes en las que se observa el control de alcoholemia que arroja un valor de 1,5 g/l de alcohol. El joven ronda los 20 años y, por su irresponsabilidad, cegó dos vidas y probablemente haya arruinado la suya también.

Lamentablemente está lejos de ser un caso aislado. Según informa la ONG Luchemos por la Vida, otros episodios de los últimos días repiten estas características, jóvenes al volante que, alcoholizados, salen a la calle o ruta y arrasan a altas velocidades con conductores inocentes que resultan lesionados.

Sucedió en la ruta Panamericana con un choque múltiple provocado por un joven con 2,4 g/l de alcohol y en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. También sucedió en Mar del Plata, en diciembre, que terminó con un peatón arrollado y arrastrado mortalmente. Y la luctuosa lista sigue.

Como todos sabemos el alcohol deprime y afecta al sistema nervioso central. Ya con muy poco consumo de cualquier bebida alcohólica un conductor sufre alteraciones en el movimiento de los ojos (lo que le dificulta seguir a objetos en movimiento) y pierde capacidad de reacción. Además, el alcohol induce a un sentimiento de euforia y desinhibición y, por lo tanto, a la pérdida del juicio.

Hoy el mínimo permitido para conducir es de 0,5 gramos de alcohol en sangre. Las alteraciones que describimos se producen ya con esa pequeña concentración y se profundizan si la ingesta alcohólica es mayor.

Sin duda, el Estado argentino le debe a toda la sociedad una educación vial generalizada para los niños y jóvenes que los concientice acerca de las graves y riesgosas alteraciones psico-físicas que produce el alcohol y sus consecuencias en su persona, en sus relaciones con los demás y al volante.

Y especialmente le debe el hacer cumplir la Ley de tránsito controlando y sancionando severamente a quien conduce alcoholizado. Es importante generalizar y multiplicar los controles de alcoholemia sistemáticos y continuos y hacer efectivas las sanciones que ya están vigentes.

Una política fuerte y planificada contra los accidentes de tránsito sería, por la mortalidad y la cantidad de heridos, realmente una política de salud importante para el país.

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