Las camas solares envejecen la piel y aumentan el riesgo de cáncer

Por Dr. Daniel Cassola

Ya no solo hay quienes procuran broncearse en verano sino que también están aquellos que quieren llegar a la playa o al lugar de veraneo con un poco de color en la piel. Quizás sea el hedonismo potenciado por las redes sociales, la búsqueda de verse mejor o, en algunos casos, ignorancia.

Sobre todo en aquellos que continúan utilizando camas solares. Cada vez más dermatólogos en el mundo consideran que la exposición a radiaciones ultravioletas que la piel sufre puede ser un factor de riesgo del cáncer.
Por ello en países como Canadá, Australia o Brasil directamente están prohibidas. En otros lugares, como Francia, hay proyectos legislativos prontos a tratarse que apuntan en esa dirección.

Según explica la doctora Margarita Larralde, miembro del Servicio de Dermatología del Hospital Alemán, el bronceado de la piel es técnicamente una respuesta del cuerpo ante la agresión y el daño de la radiación UV. “El color bronceado va desapareciendo gradualmente, sin embargo, el daño producido en las células de la piel permanece y se va acumulando porque la piel tiene memoria”, advierte la especialista.

El riesgo aumenta cuando la persona va a la cama solar antes de los 35 años. Además, eso hace que la piel envejezca más rápido y los efectos son irreversibles.

“Existe evidencia de que la exposición a la radiación ultravioleta de forma intermitente está relacionada con la aparición de todos los tipos de cáncer cutáneo, incluyendo el melanoma (tumor maligno de células pigmentaria). Es el tipo de cáncer cutáneo menos frecuente, pero el que produce mayor número de muertes relacionadas con el cáncer de piel. Por esta razón, existe una gran preocupación en la comunidad científica acerca de los riesgos cancerígenos de la utilización de camas o lámparas solares para broncearse”, agrega Larralde.

En conclusión, resume Larralde, las personas que deben extremar la precaución ante la exposición solar y que no deberían utilizar camas y lámparas solares, son “los menores de edad, aquellos que tienen la piel muy clara, los que se queman con facilidad, personas con muchas pecas y lunares, con historia personal o familiar de cáncer cutáneo, los que tomen medicación fotosensibilizante (como por ejemplo tetraciclina, chlorpromazina, amiodarona y quinolona) y aquellos que posean un daño solar cutáneo extenso.

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