Las bajas en los trabajadores de la salud en la guerra contra el coronavirus


Al menos 98 trabajadores de la salud, entre médicos, enfermeros y no profesionales, perdieron la vida durante la pandemia por su trabajo en el sistema de salud. 28 mil se contagiaron, de los cuales 5500 continúan cursando la enfermedad.

Por Dr. Daniel Cassola

Hay trabajadores de la salud, particularmente los que están más abocados a las tareas de contención de la pandemia, que sienten que la “guerra” se “está perdiendo”. Lo observan cuando notan la circulación en las calles, las aglomeraciones en los parques o ahora en los bares, los relatos de fiestas y reuniones clandestinas. Por hartazgo, por falta de comunicación precisa o por las dos cosas, buena parte de la sociedad decidió que la pandemia de alguna manera terminó y ya no se cuida como al principio. Mientras tanto, con el sistema sanitario al borde del colapso o ya atravesando situaciones dramáticas, quienes trabajan en hospitales, sanatorios, geriátricos y salitas están cada vez más expuestos a jornadas agotadoras y la posibilidad de contagiarse en cualquier momento.

La semana pasada los pedidos de los profesionales se prodigaron como en ninguna otra situación de la historia reciente. Los terapistas de la SATI (Sociedad Argentina de Terapia Intensiva) aseguraron estar perdiendo la batalla y rogaron a la sociedad para que cumpla las medidas de prevención del contagio. Se unieron a ellos las facultades de Medicina de La Plata y Buenos Aires. Por su parte, la Asociación de Enfermería de Capital Federal expresó: “Estamos en el límite del agotamiento, la desesperanza y la incomprensión”.

Quizás el peor dato que se desprende de la realidad es que no hay mucho de qué agarrarse para ser optimistas en el corto plazo. El promedio de contagio en los últimos días está apenas por debajo de los 10 mil casos diarios. Indefectiblemente una parte de ellos necesita atención hospitalaria, terapia intensiva y un respirador. Cuantos más sean los casos, más son los que requieren cuidados críticos. Al aumentar el volumen va a llegar un punto en el que va a haber recursos para atenderlos a todos. Mejor dicho, en algunas ciudades como Roca en Río Negro, o San Salvador y San Pedro en Jujuy ese punto ya llegó. Las autoridades de los centros de salud deben aplicar un protocolo de bioética para priorizar a quién le brindan atención con respirador. Por ahora con derivaciones a otras ciudades, que también tienen sus costos y problemas, se alivia la situación, aunque la tragedia parece estar a la vuelta de la esquina.

Para tomar un ejemplo cercano vale repasar lo que sucedió al momento en el Hospital Durand, ubicado frente al Parque Centenario en Caballito, en pleno centro de la Ciudad. Allí se infectaron 300 de los 1800 trabajadores con los que cuenta el centro, el 16,6 por ciento. Según dicen los trabajadores del hospital, la capacidad de atención utilizada bordea el 100 por 100 desde hace varias semanas. Hay camas que no están siendo utilizadas pero ya no hay o equipamiento o profesionales para poder sostener más internaciones.

Otros trabajadores esenciales también sufren la pandemia. Según información de la Unión de Aseguradoras de Riesgo del Trabajo (UART) que reveló el diario Tiempo Argentino, son 77.939 los trabajadores que se contagiaron de alguna manera vinculada a su tarea. Si bien no hay un registro oficial por actividad o rama de la producción, algunos sindicatos publicaron datos sobre sus afiliados. Según dijo Roberto Pianelli de los Metrodelegados, en el subte ya hubo 141 casos y 4 muertos (siempre entre los trabajadores). En los supermercados, incluyendo a los mayoristas, se confirmaron 2400 contagios positivos mientras la Asociación Bancaria informa 1100 casos y 5 fallecidos.

Nuevamente respetar las medidas de prevención como el uso del barbijo, la distancia social preventiva de dos metros y la higiene frecuente de manos, son conductas que pueden ayudar a aliviar la situación. Las libertades son individuales pero en esta pandemia la responsabilidad deber ser colectiva.

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