La violencia en los hospitales no cesa

Por Dr. Daniel Cassola

Hemos escuchado, desde hace años, sobre un sinfín de medidas para combatir la violencia en los hospitales. Sin embargo, todas las semanas tenemos nuevos casos que se reflejan en los medios de comunicación.

Solo en los últimos días podemos encontrar dos casos especialmente llamativos. Lo que sucedió en la guardia del Hospital Oller, en San Francisco Solano, fue realmente brutal.

El pasado domingo a la madrugada, cerca de la 1, ingresa en la guardia un hombre de 38 años, diabético, con un cuadro cardíaco. Los profesionales que estaban allí lo estabilizaron pero pidieron el traslado a otra institución ya que el Oller es un hospital materno infantil que no cuenta con internación.

A las cinco de la mañana el hombre, al que le diagnosticaron una angina de pecho, sufre un paro cardíaco. Los médicos lograron reanimarlo y lo entubaron, pero pocos minutos después sufrió otro infarto murió.

En ese momento los familiares del fallecido desataron el caos. Rompieron absolutamente todos los equipos e insumos de la guardia, como el electrocardiograma y el respirador, y agredieron a cuanta persona se les cruzara por el camino.

Durante el ataque, uno de los agresores, hermano del fallecido, se descompensó, por lo que los médicos tuvieron que atenderlo. En este momento unas mujeres integrantes de la familia habían agarrado el alcohol y con un encendedor amenazaban con prender fuego a los trabajadores, según declararon posteriormente las enfermeras que allí se encontraban.

En consecuencia, y por los destrozos, la guardia del hospital no pudo prestar servicios ni durante el domingo ni ayer lunes. Recién hoy las autoridades municipales informaron que la guardia de adultos del hospital reabría sus puertas.

El otro caso ocurrió en el barrio Los Troncos, de la ciudad de Santa Fe. Allí una mujer irrumpió en un centro de salud y sin mediar mayores explicaciones agredió física y verbalmente a una pediatra de 49 años. El centro de salud no contaba, en ese momento, con ningún efectivo de seguridad.

La médica pediatra, ahora de licencia, ya pidió el traslado del lugar donde trabaja desde hace 20 años. Tanto en el caso de Solano como en el de Santa Fe, además de las víctimas de las agresiones, los damnificados son los que necesitan utilizar al centro de salud o al hospital. Lo paradójico es que muchas veces los agresores son quienes necesitan atenderse en los lugares que destrozan.

Ya se habló de botones antipánico, se promulgaron leyes para endurecer las penas y de un sinfín de supuestas soluciones más, pero lo cierto es que la violencia azota a hospitales, centros de salud y sus trabajadores. Quizás garantizando algo básico, como la presencia de efectivos de seguridad suficientes para contener este tipo de ataques se pueda avanzar en algo parecido a una solución. Por ahora, pacientes y médicos siguen a merced de los violentos.

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