La vejez no impide la felicidad

Por Dr. Daniel Cassola

Durante la vida el humano experimenta distintas emociones. En el transcurso vital vamos a sentir ira, tristeza, asco, sorpresa y miedo. Estas cinco emociones junto a la alegría son experiencias por las que todos pasamos o vamos a pasar.

Aunque suene extraño estas palabras nos sirven para introducir nuestra columna del día sobre adultos mayores. Ya les hemos comentado que la Universidad Católica Argentina, la UCA, ha publicado un muy interesante estudio sobre el estado de situación de la tercera edad de la Argentina.

El programa que lo estudia se llama Barómetro de la Deuda Social. Como su nombre lo indica el objetivo es estudiar las deudas, lo que falta. De todas maneras, en ese camino se encuentran algunos datos que podrían derrumbar algunos perjuicios que se han instalado en la sociedad.

Es común que circulen mensajes que asocien al adulto mayor con un estado general de pesar y tristeza. Esto no es así. Uno de los hallazgos más interesantes de este trabajo de la UCA es que los niveles de malestar psicológico, si tomamos a los adultos mayores como un conjunto, no difiere de los de grupos de otras edades.

Incluso dentro de la tercera edad el nivel de malestar psicológico no aumenta con la edad, sino que disminuye a partir de los 75 años. Los especialistas han dado en llamar a este fenómeno como “paradoja de la vejez”.

Hay un sentido común que indica que el bienestar puede verse favorecido por mayores recursos físicos, la cantidad de años por vivir y la valoración misma que tienen tanto la juventud como la vejez. Pero, en principio, esto no es tan lineal.

En un lenguaje más llano, estamos en condiciones de desterrar el mito que asocia a la vejez con la tristeza. Un primer motivo puede ser que al ser mayor uno carga con menos responsabilidades. Un trabajo o una situación estresante, por ejemplo, pueden ser obstáculos en el camino a la felicidad. En la tercera edad esto tiende a disiparse.

Vale aclarar que no nos referimos a la totalidad de las personas. Son estudios que analizan rasgos generales de la población. Siempre vamos a encontrar casos de todo tipo.

Un factor que también parece importante es la educación. Se detectan menores niveles de malestar psicológico en los sectores con mayor formación que en los que no se han educado intensivamente.

Como cierre podemos decir que la juventud no necesariamente conlleva a la alegría. Y, lo que es más importante, la vejez no impide la felicidad.

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