La vacuna es una posibilidad pero no una solución definitiva

El gobierno apuesta a comenzar la vacunación cuanto antes. Aún resta que alguno de los distintos proyectos atraviese las fases definitivas de experimentación y control. Será importante encontrar un tratamiento exitoso y sostener las medidas de prevención para manejar al virus.

Por Dr. Daniel Cassola

Cada enfermedad viral tiene sus particularidades. El sarampión, por ejemplo, provocó grandes focos de infección y complicaciones severas para la salud de mucha gente en todo el mundo. Pero hubo y hay dos formas de vencer a la patología. Primero a quienes la cursaron y se recuperaron se los considera inmunizados de por vida. Los anticuerpos que quedaron registrados en el sistema inmunológico garantizan esa protección. En segundo lugar hay una vacuna aprobada hace muchos años que aplicada masivamente ya demostró su efectividad.

Distinto es el caso del HIV que puede ocasionar el SIDA. Por sus características el sistema inmunológico no puede hacerse de la información necesaria para combatirlo, y además la ciencia todavía no ha dado con una vacuna para prevenirlo. Sin embargo, por medio del perfeccionamiento de los tratamientos, una infección que era sinónimo de muerte hasta hace unos pocos años se convirtió prácticamente en una enfermedad crónica, que en algunos casos se torna indetectable. Claro que para lograr eso es fundamental detectarla a tiempo y seguir con conducta los tratamientos.

Es mucho lo que el hombre desconoce aún sobre el coronavirus, agente que provocó la pandemia que tiene al mundo en vilo. Pero sí sabemos ya que no es como el sarampión. Hay casos registrados de pacientes que se reinfectaron e incluso algunos que murieron cuando cursaron la enfermedad por segunda vez. Al momento no hay consenso sobre un tratamiento efectivo, por más que el plasma ha servido en algunos casos y haya drogas que se estén investigando.

Ayer el gobierno anunció que, si el proyecto supera las pruebas, comprará 25 millones de dosis de la vacuna rusa Sputnik V para poder aplicarla a partir de diciembre. Según revelaron desde el Ministerio de Salud hay acuerdos similares con Pfizer (EEUU), Sinopharm (China) y el ya previamente anunciado con AstraZeneca, que además se fabricará aquí. La diferencia es que los rusos supuestamente garantizan la provisión de una mayor cantidad de dosis en menos tiempo. Según informaron desde el Centro Gamaleya, que depende del Ministerio de Salud de Rusia y es donde se lleva adelante el proyecto Sputnik V, la vacunación requerirá de dos aplicaciones con tres semanas de separación.

La vacuna rusa fue creada a partir de material genético del virus. Se las conoce como vacunas de virus debilitado o atenuado. La del sarampión (triple viral) tiene esa forma. La diferencia es el tiempo que lleva aplicándose. Comenzó a darse en Estados Unidos en 1963. Recién en 1971 se integró a la triple viral, que también actúa contra las paperas y la rubeola. Desde entonces se ha perfeccionado. Los proyectos de vacuna contra el coronavirus son todavía proyectos, por más que haya ansiedad y necesidad de conseguir una solución a la pandemia.

Por eso hay aún muchos interrogantes abiertos sobre la vacuna rusa, china, norteamericana o europea. Primero todas tienen que concluir la fase 3 de experimentación y ser analizadas por los organismos que les darán o no su aval. Luego habrá que determinar en qué medida son efectivas. ¿Servirán para el 99 por ciento de los que se la den? ¿Para el 75? ¿O para el 50 o menos? También hay que considerar el tiempo de vida útil de la inmunización. Ya hubo reinfecciones por Covid-19 en tres meses. ¿Habrá que vacunarse una vez por año, cada seis meses o cada tres? Cada posible respuesta supone un plan distinto. Vacunar a millones de personas, y más cuando son dos dosis, no es sencillo. Requiere de organización y cierto tiempo.

La solución de la pandemia es más difícil de lo que parece. Se requiere de un tratamiento efectivo contra la enfermedad y de continuar con las medidas de prevención que ya sabemos que son efectivas, como el distanciamiento social, la higiene de manos y el uso de mascarillas. Al parecer el virus disminuye su mobimortalidad en las estaciones cálidas y aumenta en las frías. Los rebrotes en el hemisferio norte dan cuenta de eso, aunque todavía no esté explicado y verificado por la ciencia.

No se trata de oponerse a las vacunas o quienes las diseñan, sino de no generar expectativas demasiado altas que pueden generar luego profundas decepciones. Si algo nos enseñó la pandemia es que debemos ser medidos y prudentes. Seguramente la solución va a llegar y la pandemia se va a superar. Pero no va a ser de un día para el otro y como por arte de magia.

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