La pandemia lleva a la pobreza a un índice de entre 41 y 47 por ciento

El informe semestral del INDEC ubicó a la pobreza en el orden del 40,9 por ciento en los primeros seis meses del año. Consultoras privadas ubican al índice en el 47 por ciento para el último trimestre. El 56,4 por ciento de los chicos menores de 14 años en Argentina son pobres.

Por Dr. Daniel Cassola

En Argentina la pandemia de coronavirus no solo se trata de los más de 750 mil contagiados y 17 mil muertos sino también de la potenciación de una debacle económica que venía sucediendo desde hace tiempo. A la golpeada economía las restricciones en el trabajo, la producción y el consumo le dieron un fortísimo golpe. Muchos de los que estaban haciendo equilibrio como un malabarista de circo se cayeron. Prácticamente la mitad del país vive hoy en la pobreza.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) América Latina y el Caribe es la región donde se presentan las peores consecuencias en cuanto al empleo. En todo este conjunto de países se perdieron 34 millones de puestos de trabajo. La OIT, además, informó que la fuerte caída de los indicadores del empleo es producto de una histórica crisis económica que sufre la región, que registraría en el 2020 una caída de su Producto Interno Bruto (PBI) del 9,4 por ciento, según el Fondo Monetario Internacional.

En este contexto es que el Indec, que mide la pobreza semestralmente, arrojó un índice de 40,9 por ciento, al que vale hacerle una aclaración. El período que se mide es muy distinto. Hay un antes y un después alrededor de mediados de marzo, cuando el consumo se vio alterado por la pandemia. El Indec obtiene ese indicador en un promedio en el que hay dos meses y medio ‘normales’. Por ello las consultoras que miden la pobreza en otros lapsos de tiempo tienen peores resultados. El segundo trimestre, cien por cien afectado por la pandemia, da un resultado de 47 por ciento de pobres y 12,4 por ciento de indigentes.

En este período, que va desde fines de marzo a mediados de mayo, cuando se dio la fase de aislamiento más dura, provocó una caída del PBI del 19,1 por ciento, convirtiéndose en el peor registro de la historia. Cuando el país estalló en el 2001 y la salida de la convertibilidad fulminó a la economía se contabilizó una caída económica del 16,3 por ciento. Este cuadro provocó la pérdida de 4 millones de puestos de trabajo, formales o informales, a pesar de las prohibiciones que pesaban sobre los despidos. El índice de desempleo, que se ubicó en el 13,1 por ciento, no subió tanto porque solo contabiliza a los que buscan trabajo activamente y no lo consiguen. Es probable que muchos se hayan quedado en sus casas consumiendo los pocos ahorros que tenían.

Dentro de este contexto paupérrimo lo más preocupante es que según el informe del INDEC, el 56,3 por ciento de las personas de 0 a 14 años son pobres. De ese total, el 15,6 por ciento de los niños viven en la indigencia en hogares en donde los ingresos no llegan a los 11.000 pesos y no alcanzan a cubrir una canasta de 17.000 pesos. En total, sobre 9.500.000 chicos de menos de 14 años, 5 millones viven en hogares pobres. De acuerdo con la estadística oficial, uno de cada 2, o 5 de cada 10 chicos, viven en hogares pobres. De estos niños pobres, 1.200.000 viven en hogares indigentes, así definidos porque sus familias no tienen ingresos suficientes para comprar los alimentos básicos.

Hoy no hace falta sacar mayores conclusiones porque los números hablan por sí solos. La pandemia no solo deja un tendal de enfermos y muertos, sino que también provoca que el país se hunda aún más en la miseria.

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