La pandemia en Argentina puede tener un “mal final”

Son palabras del ministro de Salud de la Nación, Ginés González García. Ayer el número de contagios confirmados superó los 12 mil y estableció un nuevo récord. Continúan las advertencias de los médicos sobre la saturación de los profesionales y el sistema sanitario.

Por Dr. Daniel Cassola

Con las declaraciones que en las últimas horas han producido las autoridades del área sanitaria y el mismo presidente de la nación queda claro que en el gobierno nacional están al tanto del desborde que se vive con respecto a la pandemia. Lo que aún no se sabe es si hay previstas o están pensando en nuevas medidas para solucionar el problema. Ayer González García sostuvo que “el avance de la pandemia es notable” y advirtió que “si la gente no adopta una conducta distinta esto va a tener un mal final”.

El diagnóstico que hizo el funcionario más importante del área de salud consistió en explicar que en el gobierno están “ocupados y preocupados” aunque hay una variable “que no podemos controlar, que es la circulación del virus y la gente, en medida que la circulación siga siendo sostenida y en algunos casos aumentada, naturalmente no hay que contrarrestar eso”. Finalmente, casi con resignación, González García sostuvo que “nosotros no tenemos mucho más por hacer, aunque tengamos 300 respiradores más ya no tenemos personas para que los operen, están cansados, están agotados”.

Es sabido que el estilo para comunicar del ministro es frontal, no suele ser un hombre que ande con vueltas. Por eso también sostuvo que “estamos a punto de ver lo que nunca quisimos ver”, en referencia al colapso del sistema de salud, y comentó que “hay que tomar decisiones ahora, si esperamos las consecuencias van a ser mucho peores”. En conclusión, es probable que González García esté preparando el terreno para medidas drásticas, el tan temido regreso a la fase 1 que se implementó en marzo y abril. De lo contrario, si la resignación que exhiben sus palabras es cierta, realmente la situación es para preocuparse.

Entre todos los asesores que consulta el presidente hay distintas posiciones. Son más los que creen que un regreso de todo el país a fase 1 es innecesario, de tal modo que sería necesario focalizar y concentrar las restricciones en los lugares donde se producen nuevos brotes. Están también los que piensan que tal medida no tendría sentido porque no va a ser acatada, y nadie en el gobierno piensa en un esquema de represión para hacer cumplir algo que la sociedad no acepta. Por este camino de más contagios y por lo tanto más muertes y una suba en la tasa de letalidad el único destino posible es el colapso. No hay ningún indicio, y ojalá no fuera así, de que los casos por alguna causa desconocida vayan a comenzar a bajar en los próximos días.

Los profesionales de la salud ya se han expresado. Particularmente los intensivistas de la SATI (Sociedad Argentina de Terapia Intensiva) pudieron reunirse con el presidente Alberto Fernández y contarle sobre lo exhaustos que están, y lo pocos que son para afrontar lo que falta. La expansión del sistema llegó a su límite posible. Por más que se compren aparatos y se dispongan camas no hay más personal especializado para atenderlas. En otras palabras, hay que afrontar el partido con los jugadores que hay en la cancha, no hay otros.

Para cuando venza la actual fase de cuarentena el 20 de septiembre, a este ritmo, falta una eternidad. De seguir el nivel actual de contagio para ese entonces habrá alrededor de 160 mil nuevos casos. De ellos, según los índices que se vienen dando, 24 mil presentarán algún tipo de complicación, y es probable que 8 mil requiera de cuidados en terapia intensiva. No hay estructura ni personal para que esa atención se brinde correctamente. ¿Tendrá, como dijo, el botón rojo a mano el presidente? ¿Estará dispuesto a usarlo por más antipáticas que resulten las medidas?

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