La oscuridad de los vacunados VIP de la política

El 18 de febrero pasado se vacunaron 10 personas en el Ministerio de Salud, según información oficial. Además se administraron dosis para otros 60 individuos a pedido de la cartera sanitaria. Entre favores y personal que puede ser considerado esencial, el escándalo de las vacunas VIP también revela problemas de comunicación.

Por Dr. Daniel Cassola

El hecho en sí es grave. Que un puñado de conocidos, amigos, funcionarios o contactos privilegiados se hayan saltado la lista para vacunarse es una ofensa al resto de la sociedad que debe esperar pacientemente en una fila muy larga. Hay criterios para vacunar y cada uno debería esperar su turno. Por lo informado públicamente el amiguismo todavía no figura en una lista oficial de prioridades. A la vez la falta de comunicación del gobierno agrava el problema, porque quizás entre los vacunados VIP sí haya personal esencial. Pero que todo suceda de espaldas a la sociedad, y que se haya revelado solo para que no lo haga un diario considerado opositor, no hace más que aportar una cuota de oscuridad a un proceso ya de por si opaco.

La vacunación se organizó con criterios que se hicieron públicos. Como parte de la campaña de difusión se aplicaron la Sputnik V el presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el ex ministro de Salud Ginés González García, y otros gobernadores y funcionarios que hicieron público el acto a través de las redes sociales para impulsar la vacunación que es voluntaria. Luego se establecieron grupos y prioridades. Primero todo el personal de la salud, después los mayores de 80, luego las fuerzas de seguridad y ahora, antes del comienzo de las clases, los docentes que están dentro de algún grupo de riesgo.

Con dificultades por la diferencia entre las vacunas prometidas y las que efectivamente están disponibles, la vacunación avanza. Ya hay más de 230 mil argentinos que recibieron las dos dosis. Es muy poco aún pero es algo. Países similares a la Argentina todavía no comenzaron con la vacunación. Otros van más adelantados. Aquí, ante la escasez, se decidió organizar a la vacunación de una manera dada y se hizo público. Alguien podría discutir que en vez del personal de salud que no es grupo de riesgo se debería vacunar primero a los mayores de 80 años, por poner un ejemplo. Pero no sucedió ya que se aceptó mayoritariamente que quienes trabajan en la salud debían ser los primeros.

Ahora bien, no hubo, más allá de la campaña de difusión, ninguna información sobre a quiénes se considera esenciales dentro de la estructura del Estado. A raíz del escándalo se difundió una lista de funcionarios vacunados. Están, entre otros, el ministro de Economía Martín Guzmán, que tiene 38 años, junto a un grupo de colaboradores, todos jóvenes. La razón de que se hayan vacunado reside en que todos forman parte de la comitiva que el presidente Fernández llevó por estas horas a México. Se podría haber transparentado esa decisión de vacunar, que por otro lado podría ser considerada lógica. Van a viajar y cumplen funciones importantes para el país. El problema es que cuando no se informa todo parece turbio, incluso lo que podría estar bien. Lo mismo se aplica para los embajadores Daniel Scioli (Brasil) y Oscar Peppo (Paraguay). Quizás esté bien vacunarlos por las funciones que cumplen, pero tampoco se comunicó, por lo que la sensación es que no hay ninguna estrategia y que solo quienes tienen los contactos indicados acceden a las vacunas.

De esta lista hay que diferenciar a los vacunados que podrían ser considerados solo como frutos de la amistad. No hay ningún buen motivo para darle vacunas, escasas además, a periodistas como Horacio Verbitsky y Gabriel Michi, a empresarios como Florencio Aldrey y toda su familia, o conocidos como el ex presidente Eduardo Duhalde, su mujer Chiche y sus hijas. No son los únicos casos, quizás sean los más llamativos. En las provincias sucede algo similar. Como el registro de los que se vacunan es público aparecieron amigos, choferes, esposas sin mayor función esencial que la de ser contacto cercano de un intendente, gobernador o figura relevante de la política.

Los que no cumplen ninguna función relevante para el país y fueron vacunados son privilegiados. El ser amigo de alguien no debería ser una condición para acceder a una vacuna que por ahora es escasa. La pandemia en Argentina no se superó. Ayer se reportaron más de cinco mil contagios y 163 fallecimientos. Quizás algunas de esas muertes podrían haberse evitado con una vacuna. Pero todavía no alcanzan, no hay, están demoradas. Lo de los vacunados VIP genera indignación pero más allá de eso pone en claro que a la campaña de vacunación y a la política en general todavía le hace falta un baño de transparencia.

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