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La hostilidad del mundo en una imagen


Por Dr. Daniel Cassola

La foto muestra dos cadáveres. Un padre y su hija de dos años yacen entre el barro y los matorrales, a la vera del Río Bravo entre latas de cervezas vacías. Como si fueran un desperdicio más que ensucia las aguas barrosas.

Como en el Mediterráneo y otras playas o regiones los migrantes muertos quedan a veces retratados con gran impacto mundial. Lamentablemente no se trata de un caso aislado. La chiquita es una de las cuatro menores que solo esta semana perdió la vida en el río que separa a México de Estados Unidos.

Quien informó de este caso puntual fue la madre, ahora viuda. Tania Ávalos contó junto con su marido y su hija formaban una familia, proveniente de El Salvador, que tramitaban su ingreso como refugiados a los Estados Unidos.

Pero la desesperación ante la lentitud de la burocracia pudo más y decidieron lanzarse a cruzar el río como otros tantos miles que lo intentan todos los años. La corriente se llevó primero a la niña. Su padre se lanzó para rescatarla pero tampoco pudo volver.

Anta la repercusión de la imagen el presidente de Estados Unidos Donald Trump dijo: “La odio, seguramente el padre era un tipo fantástico”. Simplemente un lamento de ocasión ante una tragedia humanitaria.

Debe haber un modo de hacer el mundo un lugar un poco menos hostil para vivir. Quizás falta, en una época de esplendor del individualismo, empatizar con el otro. ¿De qué infiernos estaría escapando esa familia para lanzarse a cruzar un río a nado con una niña de dos años?

Son cotidianos los rescates a los que intentan cruzar el río. Las autoridades de las distintas ciudades mexicanas que se ubican a la vera del río cuentan que por más que intentan disuadir a los migrantes que se lancen al agua sus esfuerzos son en vano.

Esta semana también una madre con su hija de seis años, de nombre Jocelyn, intentó el cruce en la región de Coahuila. No pudieron llegar a la otra orilla pero lograron refugiarse en un islote. Fueron rescatadas y vueltas a llevar a la orilla mexicana.

Allí Jocelyn, como solo una niña puede hacerlo, sintetizó su situación: “Mi mamá quiere llegar a los Estados Unidos, que allá hay un futuro mejor. Lo voy a volver a intentar”.

Contra la voluntad de los que están desesperados no hay disuasión posible. Las Jocelyn y los padres con sus hijas como los de la foto van a seguir intentando el cruce del río, del desierto o del mar.

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