La educación y el populismo

Peron

Por Dr. Daniel Cassola

Si bien el término populismo es de uso frecuente en el habla cotidiana, no figura ninguna definición al respecto en el diccionario de la Real Academia Española.

En principio, podemos decir que se trata de una manera particular de hacer política sin la participación de los partidos políticos tradicionales. Esa forma de practicar el ejercicio del poder es una conducta fácilmente observable, por ejemplo, en los discursos en los que un gobierno se presenta combativo frente a determinados sectores sociales o instituciones que no son afines.

La apelación permanente del populismo es a la gente, al pueblo conformado por las clases sociales bajas y sin privilegios económicos o políticos. El enemigo está constituido por las clases privilegiadas que encarnan todos los males que constantemente se denuncian.Los líderes populistas, por lo tanto, se presentan como redentores de los humildes.

El populismo es discriminativo. Divide o separa a los pueblos. No busca necesariamente el bienestar o progreso de un país sino que tiene fines electorales muy claros: perpetuarse en el poder. Para ello, se intenta conseguir más votos sin importar las consecuencias.

En los países democráticos es fundamental la presencia de partidos políticos en los que se formen los cuadros partidarios. Desde allí deben surgir equipos que se puedan alinear para la gestión ejecutiva, o sea la ejecución de programas políticos para la conducción en caso de ser gobierno, o la capacidad para integrar organismos de control si se es oposición.

Básicamente hay una manera de combatir al populismo: dándoles a las personas las herramientas para que puedan solucionar sus problemas y necesidades. La idea no es crear dependencia sino estimular las capacidades individuales.

En un marco donde la falta de respeto a las instituciones es permanente y la educación no está en la agenda del gobierno es muy difícil hablar de democracia.

Los modelos demagógicos se terminan porque los problemas, con el tiempo, superan a las promesas y el propio discurso se autodestruye. Hay que señalar que, sin embargo, puede haber un terreno fértil para la subsistencia de la demagogia siempre y cuando haya ignorancia en la población.

El acceso del pueblo a la educación pública, gratuita y obligatoria es fundamental. Si no queremos cometer los mismos errores del pasado no digamos más: alpargatas sí, libros no. El slogan debería ser zapatillas, trabajo y libros para todos.

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