La desconfianza en la ciencia, y en la vacuna, es otro problema a enfrentar en el futuro próximo


La única salida posible de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus es la vacunación masiva. Encuestas en Estados Unidos y en Europa revelan que grandes sectores de la población no están dispuestos a aplicarse la vacuna. Probablemente el seguimiento minuto a minuto de los procesos en los medios no favorezca la confianza.

Por Dr. Daniel Cassola

Algunos imaginan la noticia que anuncie que la vacuna contra el coronavirus está disponible prácticamente como un festejo, lo más parecido posible a llegar a la meta, al fin del camino. Pero también es probable que la disponibilidad de la vacuna abra una nueva gama de problemas, en este caso relacionados con la conducta de la población. Una encuesta reciente indica que en Estados Unidos el 49 por ciento de la gente ‘definitiva o probablemente’ no se vacunarán, mientras que solo el 21 por ciento sostuvo que ‘definitivamente’ se aplicaría la dosis.

Al ser preguntados sobre los motivos de lo que estiman harán en el futuro los encuestados, en un 78 por ciento de los casos, respondieron que consideran que es muy probable que en Estados Unidos se apruebe una vacuna antes de que sea segura y eficaz. En otras palabras, perdieron la confianza. Cuanta más información hay al respecto de los procesos de investigación y testeo, el efecto parece ser el opuesto al buscado. La población no se tranquiliza sino que comienza a desconfiar. Los títulos sobre compañías farmacéuticas llegando a un acuerdo para respetar los tiempos de la investigación, lo que parece serio y necesario, inquietan. Las pausas que por seguridad se realizan en los procesos, como el que recientemente efectuó AstraZeneca por un posible efecto secundario que luego se descartó, también genera desconfianza.

Otro dato preocupante del estudio que realizó el Pew Research Center, una organización civil ubicada en Washington que no tiene ninguna orientación política, es el que revela que mucha gente está absolutamente convencida de que el proceso de investigación es fallido. Es difícil que alguien tan convencido cambie su posición en poco tiempo. Al respecto solo el 19 por ciento del público tiene mucha confianza en que el proceso de investigación y desarrollo producirá una vacuna segura y eficaz, mientras que otro 45 por ciento dice que tiene bastante confianza. Aproximadamente un tercio, 35 por ciento, dice que no tiene mucha o ninguna confianza en este proceso.

Para que las vacunas funcionen y den inmunidad a un conjunto poblacional su uso debe ser extendido. En Argentina no hay estudios de opinión pública sobre la confianza o desconfianza en las vacunas pero el brote de sarampión, que finalizó hace poco y fue tema de agenda sanitaria antes de la pandemia, reveló que hay la suficiente cantidad de gente que, por convicción o desconocimiento, no se vacunó, lo que pone en riesgo a toda la comunidad. El problema con los denominados ‘antivacunas’ no es que sean tantos sino que con su acción, por más que sean minorías, rompen con la inmunidad que necesita la comunidad.

La desconfianza en la ciencia, los que creen que todo es un complot internacional, los que hablan de un ‘nuevo orden mundial’ a partir de la pandemia, los que toman productos industriales como tratamientos preventivos que no están aprobados o incluso que son desaconsejados por nocivos son una minoría intensa de la sociedad. Se hacen oír, todos los que consumen medios de comunicación o redes sociales se ha cruzado con un mensaje de este tipo. Es importante, ante esos mensajes, hacer entender que la mejor salida de la pandemia es con inmunización, y que allí se llega, sí o sí, mediante una vacuna.

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