La depresión, una epidemia global

Por Dr. Daniel Cassola

Durante toda esta semana, con motivo del Día Mundial de la Salud que se celebra el 7 de abril de cada año, la Organización Mundial de la Salud propone hablar de la depresión, patología a la que considera una epidemia mundial.

Los humanos somos, en parte, un cuerpo que ejerce diferentes funciones que nos hacen posible la vida. Respiramos, procesamos alimentos para obtener energía y el corazón es como nuestro motor mientras que el cerebro comanda lo que cada parte de nuestro organismo debe hacer.

Pero también consistimos de cuestiones que son impalpables como los pensamientos, las conductas y las emociones. Dentro de lo que se denomina salud mental se encuentran estas últimas características. El no gozar de salud mental puede afectar nuestra capacidad de actuar, comunicar o pensar.

Actualmente los trastornos de ansiedad y la depresión son las principales causas de discapacidad en jóvenes y adultos. Al no comenzar por una manifestación física se hacen más difíciles de detectar y diagnosticar, por lo que solo entre el 30 y el 50 por ciento llega a una consulta profesional, mientras que muchos menos, entre el 8 y el 16 por ciento, a un especialista en salud mental.

Según sostiene Gustavo Petracca, médico psiquiatra, neurólogo y director médico de INEBA (Instituto de Neurociencias de Buenos Aires), el impacto económico de las consecuencias de los trastornos mentales es “muy significativo” e incluye costos directos por el mayor uso de los servicios de salud, costos indirectos como pérdida de ingresos por incapacidad para trabajar y disminución en la productividad. Sin embargo ningún gobierno destina más del 10% del presupuesto en salud a la salud mental.

La insatisfacción e infelicidad no se explicaría solamente por la enfermedad mental, sino también por las falencias en la “atención sanitaria” y en la falta de “aceptación social” que hay al respecto. Este tema se torna aún más trascendente si pensamos en la tercera edad.
Para un adulto mayor una depresión puede ser la puerta de entrada a un mal mayor. Es muy difícil que la atención deficitaria en salud, los problemas en el acceso, no repercutan en el estado general de una persona. Si a esto le agregamos la condición de una persona que puede estar sola y sin actividades el cuadro puede agravarse.

Como concluye Petracca: “Mediante la promoción de la salud mental y la prevención de trastornos mentales contribuiremos a la satisfacción individual y a un mayor bienestar sanitario y social. No podemos proveer salud sin salud mental. Así como a nivel individual el cuerpo y la mente son concebidos integralmente, a nivel poblacional la salud física y mental requieren una atención equiparable”.

 

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