La depreciación de lo honorable‏

Boudou
Por Dr. Daniel Cassola

Todas las palabras tienen un valor, y hay algunas que resultan irremplazables. No es lo mismo decir que algo es bueno, digno o respetable, que decir que es honorable.

La honorabilidad parece ser uno de los escalones más elevados a los que podemos llegar, en cuanto a palabras se refiere.

Hay dos acepciones de honorable que nos interesan. En primer lugar, se aplica a la persona que actúa con honradez de modo que es digna de ser respetada. En segundo lugar, se aplica al hecho o a la acción que permite a una persona conservar la dignidad, el respeto y la buena opinión de los demás.

Como todos ustedes saben, el término honorable se utiliza para envestir a las cámaras que componen al Poder Legislativo. Por ejemplo, hablamos de la Honorable Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. O, en el caso que queremos abordar, la Honorable Cámara de Senadores de la Nación.

En este último título creemos que la palabra honorable ha sido puesta en jaque por la actualidad. El presidente de la cámara, y vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, enfrenta una serie de imputaciones en la Justicia.

El viernes pasado, Boudou fue procesado por cohecho pasivo e incompatibilidades con la función pública por el juez Ariel Lijo. Pero no es la única causa que tiene abierta en la Justicia. Entre otras cuestiones, está acusado de comprar un auto con documentación apócrifa.

Además enfrenta una acusación por enriquecimiento ilícito, ya que su patrimonio se multiplicó por tres en los últimos seis años. Y está denunciado bajo el cargo de aprovechamiento de información privilegiada en el canje de la deuda pública de 2010, que le habría permitido comprar bonos a un muy bajo precio.

Las acusaciones no terminan aquí. Está imputado por dádivas en una causa que investiga la utilización de un helicóptero oficial para realizar campaña y se lo acusa de tráfico de influencias en una investigación que indaga un contrato por asesoramiento firmado entre la provincia de Formosa y la firma The Old Fund.

Según los expertos en materia judicial, la causa en la que el vicepresidente ya ha sido procesado podría conectarse con varias de estas otras acusaciones.

Dentro de este cuadro de situación, la palabra honorable sufre una depreciación notable. El riesgo que se corre es la extensión de la depreciación de las palabras hacia los otros poderes que componen a la democracia.

Si el Poder Legislativo deja de ser honorable, ¿Podrá seguir siendo suprema la Corte o excelentísimo el cargo de presidente?

No lo sabemos, pero esperamos que no tengamos que responder esta pregunta en lo inmediato. Quizás haya alguna posibilidad de salvar algo de la honorabilidad de las palabras. Hay situaciones en las que la licencia del cargo es la única salida honorable.

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