La barigüí, la mosca que se instaló en Buenos Aires pica pero no transmite enfermedades

Por Dr. Daniel Cassola

Una plaga de moscas pequeñas y molestas se extiende esta primavera sobre la cuenca del río Salado, en el corazón de la pampa bonaerense. Favorecida por la inundación se instaló en al menos 15 municipios ribereños. Se trata de la barigüí o “mosquita negra”, un insecto casi invisible que altera los planes de pescadores, turistas y vecinos acostumbrados a disfrutar del aire libre.

Los primeros ejemplares se detectaron hace dos meses en Junín, Bragado y Alberti. Nubes grisáceas de estos bichos enturbiaban los atardeceres frente al río. En un comienzo parecía un dato anecdótico, pero asumió carácter institucional cuando las brigadas de fumigación municipales se dieron por vencidas. “Están incontrolables. Se han reproducido de manera exponencial”, informaban desde las comunas.

En General Belgrano (a 120 kilómetros de La Plata), los fines de semana se registran en el hospital comunal entre 6 y 10 consultas de pacientes afectados por las mordeduras, que provocan reacciones alérgicas e inflamación epidérmicas en zonas blandas como labios, orejas o nariz. No suelen ser cuadros graves, pero ocupan a médicos y personal de guardia que podrían ser requeridos para emergencias.

A mediados de noviembre, en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Provincia recibieron un informe donde 15 intendencias pedían ayuda para pelear contra el barigüí. El responsable del área, Jorge Elustondo, convocó a los jefes comunales y se diseñó un plan para atenuar el impacto que está a cargo del experto Juan José García, del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (Cepave), un instituto que pertenece a la Universidad Nacional de La Plata y a la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) provincial.

“La especie comenzó a aparecer acá hace 15 años. Proviene de Salta, Chaco y Corrientes, pero las reiteradas inundaciones favorecieron su llegada a esta zona”, explicó García. El especialista admitió que “no se podrá extinguir, pero buscaremos alcanzar un nivel de exposición que permita convivir con la plaga sin trastornos graves para la población. Eso requiere un programa coordinado y centralizado”, aclaró García.

Los operadores turísticos advierten que para la industria es incompatible la convivencia con la “mosca negra”. En el complejo termal de General Belgrano, los pasajeros tienen una conversación ineludible antes de probar las piletas: “¿Hay mosquitas hoy?”.

El barigüí requiere para su reproducción aguas correntosas. El Salado es un río manso, pero este año, por la acumulación hídrica, el lecho mantiene movimiento intenso hacia la desembocadura en Samborombón. En el Cepave diseñan un plan para controlar larvas con la colocación de un insecticida biológico (bacillus thuringiensis o BTI) en los objetivos precisos del recorrido del Salado, proclives a la reproducción del insecto.

La “mosca negra” es resistente a los repelentes y por eso las autoridades recomiendan el uso de ropas claras, de mangas largas, sin exponer zonas sensibles del cuerpo. García resaltó que el barigüí no transmite enfermedades. O sea no es “vector”, como los mosquitos de la familia aedes aegypti, que pueden transmitir el zika o chikungunya.

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