La amistad y el horror

Por Dr. Daniel Cassola

¿Qué pasa por la cabeza de un individuo que subido a una camioneta arremete contra otras personas y las mata en la vía pública? Es difícil saberlo pero lamentablemente el fenómeno parece extenderse, tanto en Europa como en Estados Unidos.

En este caso sucedió en Nueva York y el responsable es un emigrante uzbeko de nombre impronunciable (Sayfullo Habibullaevic Saipov) que dijo, al ser apresado, pertenecer al Estado Islámico, el proyecto más demencial que el terrorismo islámico ha alumbrado y que hoy se encuentra en franca retirada en Medio Oriente.

Pero quedan estas pequeñas células o “lobos solitarios” desperdigados en Occidente que cada tanto llenan de sangre de personas comunes las calles de las ciudades en las que viven. ¿Se podrán prevenir estos ataques? ¿Qué se puede hacer contra este modus operandi? ¿Prohibir las camionetas?

El fundamentalismo evidentemente funciona. Ese núcleo compacto de ideas violentas que ofrece una explicación para todo y una justificación para cualquier acto bestial coloniza algunas mentes frágiles que disparan tragedias.

Hoy Argentina es noticia en todo el mundo por un grupo de amigos que se vio destrozado por el ataque terrorista perpetrado en Nueva York. De las ocho víctimas fatales del ataque cinco integraban un grupo de amigos, ex compañeros del colegio, que desde Rosario habían viajado para celebrar el trigésimo aniversario de su promoción.

Hernán Diego Mendoza, Diego Enrique Angelini, Alejandro Damián Pagnucco, Ariel Erlij y Hernán Ferruchi son los nombres de los amigos que perdieron la vida, mientras disfrutaban de una tarde soleada de otoño a la vera del río Hudson. Uno más de ellos, Martín Marro, se encuentra internado fuera de peligro. Dos más, que sobrevivieron el ataque, formaban parte del grupo.

Siete de los ocho amigos viajaron desde Rosario. Algunos de ellos fueron ayudados económicamente por Erlij, un próspero empresario del acero. ¿Para qué están los amigos sino?

Lo mejor y lo peor que tiene la humanidad se encontraron ayer en Nueva York. La camioneta manejada por la locura y el fanatismo segó la vida de ocho personas. Un grupo de amigos que había ido allí para festejar, justamente, la amistad quedó destruido para siempre.

Es muy probable que el terrorista Saipov no tenga la menor idea de lo que significa tener un amigo.

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