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TERCERIZACIÓN DE SERVICIOS, UN CRÉDITO QUE NUNCA SE EJECUTA, UNA PLANTA PARALIZADA Y RUMORES DE CIERRE
Un laboratorio modelo cerca del vaciamiento
Argentina está plagada de pequeñas historias que reflejan un pasado prometedor, una realidad dura y un futuro incierto. El Laboratorio Central de Salud Pública de La Plata es un claro ejemplo. Otra institución modelo para Argentina, y también para toda Latinoamérica, produce desde hace más de 35 años vacuna BCG (fue tomada como referencia por la Org. Mundial de la Salud -OMS- para América del Sur y el Caribe) y elabora medicamentos genéricos de altísima calidad. Por sus instalaciones pasaron algunos de los más destacados científicos de nuestro país, pero hoy está en serios problemas. Desde hace tiempo, circula una sospecha que acecha su futuro: los rumores hablan del cierre y del posterior paso a manos privadas.

Un comienzo peronista

El Instituto Biológico Central “Dr. Tomás Perón” fue inaugurado a fines de la década del ‘40 por Domingo Mercante, gobernador de la provincia de Buenos Aires durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, en el marco de un plan que buscaba impulsar el desarrollo de la tecnología y la ciencia en Argentina. La primera función del único laboratorio estatal provincial fue la de controlar la prevención y el cumplimiento de las normas sanitarias de alimentos, productos farmacéuticos (diagnósticos y de consumo), y el agua. Es el único lugar en la provincia donde se pueden realizar los análisis correspondientes para determinar si un producto es apto para el consumo de la población. A partir de los ’70 el laboratorio fue reformado y comenzó a producir vacunas (BCG, Tuberculina, Doble Adultos, Antirrábica, entre otras) y sueros . Ya en abril de 1996, el entonces gobernador de la provincia Eduardo Duhalde, inauguró la planta productora de medicamentos denominada LEMP (Laboratorio de Especialidades Medicinales Provinciales). Desde entonces, el laboratorio quedó a la espera de nuevas reformas edilicias y de mejoras en equipamientos, que ya deteriorados, dejaron de funcionar paulatinamente.

Parálisis productiva
Según indican quienes trabajan allí, gran parte del laboratorio está “virtualmente parada”. Curar con Opinión tuvo acceso al instituto hace una semana, y pudo comprobar, además de que el lugar está en estado de abandono, que la planta productora de medicamentos genéricos (LEMP) está sin trabajar desde hace ocho meses. ¿El motivo? La mayor parte de las máquinas están rotas y nadie sabe cuando serán reparadas.


Históricamente se producía un promedio mensual 6 millones de comprimidos, y más de 60 mil suspensiones (jarabes). Según la página web del Ministerio de Salud de la Provincia, la producción alcanzó picos de 11 millones de comprimidos, sobre todo en el año 2004. Actualmente, lo que se está repartiendo desde el laboratorio hacia diferentes instituciones ligadas a la salud y al mismísimo Ministerio es un remanente, un stock sobrante de “aquellas épocas doradas”.


A todo esto, el Gobierno nacional lleva adelante el Plan Remediar, que busca solucionar el acceso a medicamentos a más de 15 millones de personas. Los insumos de este proyecto fueron financiados por el Ministerio de Salud con un crédito del BID de 140 millones de dólares, más otros 90 millones provistos por el Estado, durante el período 2002-2006. Para este año ya estaría preparado un nuevo crédito, idéntico al anterior, también por un lapso de cuatro años. Las autoridades sanitarias parecen desconocer que gran parte de los medicamentos del Remediar podrían fabricarse en la planta productora del laboratorio. Para ello, tendría que estar en pleno funcionamiento.

Hay terceros involucrados
Los trabajadores denuncian desde hace meses la “tercerización” de un alto porcentaje del total de la producción. “El laboratorio sigue comprando la materia prima, el envase, todo lo necesario para preparar el medicamento. Pero como las máquinas no funcionan, se contrata a un laboratorio privado con equipos en perfecto estado y técnicos capacitados que las manejan. Pero nosotros seguimos pagando todo, inclusive los sueldos de los trabajadores que están sin hacer nada”, deslizó una empleada técnica. En síntesis, el Estado banca la mano de obra contratada y pública, la materia prima y todos los demás gastos en concepto de producción. “Lo único que tiene que hacer el laboratorio contratado es seguir las instrucciones que nosotros les damos, ya que tenemos las fórmulas, los certificados, las marcas y todo lo necesario para elaborar los productos. Es una forma encubierta de privatizar nuestro trabajo”, agrega la misma persona.

Media vacuna
La historia de la vacuna BCG podría proponerse como paradigma de lo que son las políticas de salud en Argentina. Casi tanto como lo que le sucede al viejo laboratorio. Según lo admiten los propios directivos, el Biológico de La Plata posee las instalaciones adecuadas para elaborar 4 millones de dosis por año. Esto es casi el total de la demanda de todo el país, calculada en 5 millones y medio anuales. Por cuestiones netamente burocráticas, ya que falta que el lugar esté habilitado por la ANMAT para que todos sus productos tengan el rango de tránsito federal, desde La Plata sólo salen vacunas para abastecer a la Provincia de Buenos Aires, o sea, 1 millón 600 mil dosis. Para el resto del país, las vacunas eran y son importadas desde destinos lejanos.
En el Grupo de Gestión de Políticas de Estado en Ciencia y Tecnología, que reúne a más de 1600 investigadores de 89 instituciones de todo el país, estaban al tanto del potencial del laboratorio, y en 2002 presentaron un proyecto para que la BCG se produjera en Argentina y no hubiera necesidad alguna de seguir importando. Luego, en marzo de 2005, les llegó la noticia tan esperada: las autoridades del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, y de Salud y Ambiente, entregaron 9 millones de pesos a cuatro instituciones públicas para la producción y control de calidad de vacunas nacionales. De ese total, 2 millones 200 mil, más un plus de 800 mil pesos otorgados por el Ministerio de Salud, iban a ser destinados al Laboratorio Central de La Plata, para acondicionar el edificio y equipos según las normas vigentes. El mismo Ministerio se comprometió a adquirir luego las vacunas locales en lugar de importarlas.

Cuestiones de rentas
Los números, a priori, cerraban. Las dosis se importaban a 11 centavos cada una. Alejandro Lozano, el actual director del laboratorio, dijo: “Nosotros pensamos producirlas a alrededor de la mitad de ese valor, unos 6 centavos la dosis” (Diario La Nación, 21 de diciembre de 2004). A pesar de que el crédito estaba listo para ser usado ya a partir de marzo de 2005, todavía no hay novedades sobre su destino. Cada vez que fue consultado, Lozano dijo que para tomar el crédito, hacía falta la aprobación del Congreso Provincial, ya que se trataba de dinero que formaría parte de la deuda externa.


A su vez, Martín Isturiz, investigador del Conicet e integrante del Grupo de Gestión, comenta que “nunca se llegó a nada porque la BCG es una vacuna poco rentable”. “Es por eso que hay muy pocos países que la producen, cuestión que aumentaba notablemente las chances de no solamente producir a nivel nacional, sino también de exportar”, afirma. Y agrega que en más de una oportunidad, en reuniones mantenidas con las autoridades del Ministerio de Salud provincial y con el director Lozano, les habían asegurado que el proyecto se llevaría adelante, aunque fuera necesario hacerlo con fondos propios.


A más de dos años de la salida del crédito, el Laboratorio Central sólo sigue produciendo vacunas BCG para la provincia bonaerense, tal como lo indicó Lozano el 2 de mayo en Curar con Opinión.


En esa entrevista, Lozano afirmó además que la producción de genéricos era la normal, y que también se elabora suero antidiftérico “que está listo en caso de emergencia en el norte del país o en Paraguay”, según sus propias palabras. Lo que no tuvo en cuenta el director es que los productos elaborados en el laboratorio no pueden salir de la provincia, al no cumplir con los requisitos establecidos por la ANMAT. Otro dato a tener en cuenta: los calendarios de vacunación fueron modificados. Ya no se aplica más la dosis de refuerzo de los seis años, por lo que la demanda bajó hasta un tercio con respecto a la elaboración del año pasado. “Lozano a principio de mayo ya había dicho que la producción de BCG era la normal. Pero en verdad comenzó semanas más tarde, a partir del 20”, coincidieron varios empleados consultados. ¿Y el dinero del crédito? Un verdadero misterio. Según pudo averiguar Curar con Opinión, el tratamiento del proyecto para conseguir el crédito ni siquiera entró al Congreso Provincial. Pero hay quienes indican que el dinero si fue tomado, y utilizado para otros menesteres.

Trabajadores con miedo
Los que van a diario al Laboratorio tienen miedo a sanciones, a amenazas, a despidos. Varios de los empleados pidieron el traslado hacia otras dependencias porque el rumor que corre por los pasillos indica que el cierre es inminente. No quieren dar sus nombres, porque algunos están relegados de su cargo o transferidos hacia otros lugares porque dicen que tuvieron fuertes encontronazos con la dirección. “Nadie quiere hablar, porque hasta hubo casos de violencia laboral que están debidamente denunciados contra Lozano. Por ejemplo, a una compañera le tapiaron la entrada a su oficina con durloc”, relata una administrativa que prefiere reservar su identidad. La decadencia de las instalaciones es notoria. “El año pasado hubo un problema con los ascensores, alguien cortó los frenos, hay una denuncia radicada en la Comisaría sexta de La Plata. Sucedía que cuando se rompían, se pagaban sobreprecios en la reparación, ya que la empresa de mantenimiento era de alguien muy allegado a Lozano. Pero luego las cosas cambiaron, llegó otra empresa, entonces desde la anterior saboteaban las instalaciones para intentar demostrar la ineficiencia de los nuevos. Se dieron cuenta a tiempo, sino ahora estábamos hablando de una tragedia”, cuenta la fuente. Hasta la semana pasada, los ascensores seguían sin funcionar. El tiempo ocioso allí adentro se multiplica. Durante gran parte de sus jornadas, los especialistas no tienen labores ya que la producción es cada vez menor. “Hemos pasado semanas enteras tomando mate, escuchando música, mirando el techo. Hay muy poco laburo, y eso genera temor. No quiero dejarte mi nombre porque puedo meterme en grandes problemas y yo tengo que mantener a una familia”, comenta la descansada pero asustada empleada.
Lo más notorio sucede con quienes ya tienen varios años de antigüedad, y no tienen a quien traspasar sus conocimientos, lo que genera una sangría generacional irrecuperable: “Hay un caso muy gracioso (?), de un técnico con muchísima experiencia que se pasea con un cartelito colgado del cuello en el que va tachando los días que le quedan para retirarse”, señala la misma fuente consultada. Eduardo Bisceglia, Secretario de Salud de UPCN, ya denunció en más de una oportunidad el posible cierre del instituto.


¿Dónde está el piloto?
Los trabajadores tienen en la mira a una persona: el director del Laboratorio, Alejandro Lozano. Y sospechan del Subsecretario de Contralor Sanitario del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires. Lozano es un médico veterinario nacido en La Plata hace 43 años que desde febrero de 2002 es director del laboratorio. Según sostienen los trabajadores, nunca respondió a los reclamos, y sólo va a su oficina algunas veces por semana. El funcionario, además, es candidato a intendente en la ciudad de Azul, para las próximas elecciones de octubre. “Sólo está algunas horas a la mañana y después desaparece. Está a full con su campaña política, y nunca tiene tiempo para nosotros”, disparan los empleados. Desde el Ministerio de Salud de la provincia admiten las fallas en el funcionamiento, y prometieron solucionarlas en más de una oportunidad.

Es sentir de verdad
Hay un hecho que terminó de colmar la paciencia de los estatales, y es que el domingo 10 de junio el Laboratorio fue escenario de una publicidad de Coca Cola. “Es absurdo, estuvieron desde la mañana y terminaron a últimas horas de la tarde. Y se llevaron todos los equipos de filmación casi a la medianoche”, cuentan. Mientras tanto, entre cámaras, luces y guiones; máquinas descompuestas, campañas políticas e intereses personales, el Laboratorio Central de Salud Pública de la provincia sigue desapareciendo en silencio.