Hepatitis, una epidemia silenciosa

Hepatitis

Por Dr. Daniel Cassola

El hígado es la más voluminosa de las vísceras y una de las más importantes por su actividad metabólica. Es un órgano glandular al que se adjudica funciones muy importantes, tales como la desintoxicación, la síntesis de proteínas plasmáticas, la secreción de bilis y el almacenaje de vitaminas y glucógeno. También es responsable de eliminar de la sangre las sustancias que puedan resultar nocivas para el organismo, convirtiéndolas en inocuas.

Una de las principales patologías que amenaza al hígado es la hepatitis. En Argentina casi un millón de personas padece hepatitis de manera asintomática, patología que es, según la Organización Mundial de la Salud, más grave que el Sida y la tuberculosis. Según un informe de la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado, para el año 2020 medio millón de personas en nuestro país podrían llegar a morir a causa de cirrosis o cáncer de hígado si no se hacen un diagnóstico a tiempo de la hepatitis.

Según estadísticas de la OMS, dos personas mueren por minuto en todo el mundo a causa de la hepatitis. Decimos que es una epidemia silenciosa porque más de la mitad de los pacientes no sabe que está infectado. Una persona puede ser portadora del virus durante 30 años y no saberlo.

Uno de los objetivos de las actividades preventivas es disminuir el número de trasplantes que pueden originarse a partir de estas infecciones. Para ello, es recomendable realizarse al menos una vez en la vida el análisis de sangre que determina si uno es o no portador. Detectada a tiempo, la hepatitis puede curarse. Las nuevas drogas disponibles duplicaron las posibilidades de cura. De un 40 por ciento de los casos pasamos a un 80 por ciento. O sea, 8 de cada diez infecciones que se detectan a tiempo se pueden curar.

Tanto la hepatitis A como la B se pueden prevenir con vacuna, y de hecho la misma forma parte del Calendario Escolar Universal. Pero aún no hay vacuna contra la hepatitis C. Los grupos que más riesgo tienen de contraer esta infección son:

* Personas que recibieron transfusiones de sangre, órganos o tejidos antes de 1992.
* Personas que usaron o usan drogas inyectables o inhaladas.
* Personas que hacen o hicieron diálisis, son hemofílicos o HIV positivo.
* Personas que tienen alguna enfermedad sexualmente transmisible (herpes, sífilis, etc.).
* Personas que se hicieron tatuajes o piercing, o recibieron manicuría, pedicuría, odontología, sin la adecuada esterilización.
* Trabajadores de la salud expuestos a contacto directo, indirecto o casual con sangre u otros fluidos corporales.
* Personas con malestares hepáticos crónicos, o que en los estudios de control tienen las enzimas hepáticas elevadas.
* Personas con múltiples parejas sexuales sin cuidados ni uso de preservativo.

Si bien el estudio de sangre es recomendable para todos, ellos son quienes más recaudos deben tomar ante esta enfermedad que se caracteriza por avanzar silenciosamente.

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