Hay que redoblar los esfuerzos contra el dengue

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Es deseable que se incremente las campañas de prevención.

Por Dr. Daniel Cassola

La situación epidemiológica del dengue dejó de ser la deseada. Hay presencia confirmada de la enfermedad en medio país, más de mil casos chequeados y están dadas las condiciones climáticas para que la enfermedad continúe su expansión. Al momento, estamos ante “un brote epidémico con cabeza en Formosa y Misiones”, según definió el ministro de Salud Jorge Lemus.

En el mismo tono, el director nacional de Epidemiología, Jorge San Juan expresó “que una vez que comienza el brote de dengue es una bola de nieve que no se puede parar porque las condiciones están dadas con el calor, la acumulación de agua y la presencia de mosquitos”.

La sensación que circula en distintos ámbitos de la salud es que el brote se podría haber evitado. Hace unos días recibí un correo del médico epidemiólogo e investigador Emilio Santabaya, en el que, palabras más palabras menos, me contaba lo siguiente: “El río Uruguay y el Paraná superaron sus crecidas máximas, lo que provocó el infortunio de los pobladores de los países vecinos y el nuestro. Con las crecidas la reproducción de las larvas es mayor y el riesgo llega al Plata. La prevención ha sido ocasional o excepcional, el control de vectores nulo y las campañas de información prácticamente no se escucharon”.

De la misma manera, Federico Tobar, consultor internacional en políticas de salud y medicamentos, cuenta hoy en una nota publicada en La Nación la experiencia del doctor Carlos Alvarado, creador del LAMI en 1945, un servicio de lucha contra el mosquito. El recuerdo tiene sentido porque lo que propone Tobar, y resulta sumamente sensato, es una estrategia higienista, o sea llegar casa por casa con promotores de salud para hacer prevención (descacharrado más información sobre síntomas).

Alvarado, hace ya setenta años, logró reducir los casos de paludismo, transmitido por el mosquito Anopheles, de 300 mil a solo 137 en un área endémica de un millón de kilómetros cuadrados. El plan fue relativamente sencillo: entrenó un grupo de inspectores sanitarios que fumigaron charcos, lagunas, desagües y fuentes. Con rigurosidad en el trabajo y un control sistemático consiguió eliminar al mosquito.

Tobar estima que los costos de llevar adelante un programa como el LAMI hoy en día serían relativamente bajos. En todo sentido, económico y sanitario, siempre es más barato trabajar en la prevención que en la atención de las enfermedades. No solo se ahorran recursos sino que también se preserva la salud de la población.

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