Funcionarios de tránsito que manejan borrachos en el país al revés


Por Dr. Daniel Cassola

Todo cargo público, por pequeño que sea, conlleva una responsabilidad extra. No es lo mismo trabajar en cualquier lado que hacerlo en la función pública. Son lugares en los que se debería predicar con el ejemplo.

Cosa que no hizo Soledad McNally, directora de Tránsito de Zárate. Viajaba junto a su marido, ambos borrachos y protagonizaron un choque en la ruta 193. El Volkswagen Vento, considerado un auto de alta gama, que manejaba el marido de la funcionaria impactó a un Ford Fiesta con cuatro ocupantes. Tres de ellos terminaron internados en un hospital de la zona por las heridas derivadas del choque.

Cuando la policía arribó al lugar dispuso la realización de controles de alcoholemia, por lo que McNally protagonizó un pequeño escándalo. A viva voz manifestó ser la directora de Tránsito del lugar por lo que consideraba que no era necesario que se le practique ningún tipo de control ni a ella ni a su marido.

La policía, en este caso, actuó como es debido y procedió con los controles. Ambos estaban excedidos y alcoholizados. Si bien es un escándalo menor, seguramente grave para quienes vivan en Zárate, es un ejemplo más de cómo quienes mejor deberían comportarse peor lo hacen.

Es un poco el país al revés en el que vivimos. Las principales sospechas de corrupción recaen sobre políticos e integrantes de la Justicia, acaso los dos poderes que deberían garantizar la trasparencia pública.

Por otro lado, si buscamos información en los procesos que llevaron a la cárcel a los narcotraficantes más poderosos de Rosario, conocidos como “Los Monos”, nos vamos a encontrar con que distintos integrantes de las fuerzas de seguridad cumplían con roles claves para que la banda pueda desarrollar sus negocios.

Al menor carguito con poder parece que ya consideramos que podemos trasgredir al menos ese lugar en el que nos designaron. ¿Será cierto que el fiscal que investiga la causa de corrupción más importante de los últimos tiempos pedía, a través de un intermediario, sobornos para que algunos acusados eviten la cárcel?

Sería el ejemplo paradigmático, aunque por el bien del país es mejor que sea, como dice el fiscal acusado, solo una operación en su contra.

¿Hay salida si desde el funcionario más ignoto hasta el juez más poderoso son sospechados de ejercer algún tipo de corrupción en beneficio propio? Seguramente hay miles de funcionarios honestos que no tienen nada que ver con las conductas que describimos. Pero no suelen ser los que llegan más alto. Por ahora seguimos viviendo en un país que parece estar al revés.

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