Envejecer no es un drama, estar marginado sí

Por Dr. Daniel Cassola

Los adultos mayores son cada vez más. Y también son cada vez más mayores. En la actualidad, en la Ciudad de Buenos Aires, hay un vecino de 100 años o más cada veinte manzanas. Los centenarios ya son el doble de los que eran hace un puñado de años, al comienzo del siglo XXI. Y se triplicaron desde 1980.

Hay 23 centenarios cada cien mil habitantes y la tendencia es ascendente a un ritmo sumamente veloz. Por ello, es que una vez más queremos insistir con que la prolongación de la vida de un sector tan numeroso de la población requiere de una serie de cambios y adaptaciones culturales.

En primer lugar tenemos que entender que envejecer no es una enfermedad sino un proceso natural. Incluso podemos palear los efectos del envejecimiento mediante conductas saludables.

Entonces, más que problemas, los adultos mayores tienen necesidades. Como las tiene cualquier ser humano de cualquier edad y en cualquier etapa de la vida.

En otras palabras, el envejecer no debería ser un drama. Solo lo es si la sociedad lo convierte en tal. Si los adultos mayores continúan marginados, solo por ser lo que son, vamos a estar frente a un problema creciente. Tengamos presente que cada año la población de mayores crece rápidamente.

Para ello, tanto de la gestión pública como de la gestión privada se debe poder atender a las demandas y adelantarse a las necesidades. Se trata de un concepto muy simple: planificar.

¿Cuál es el rol de los millones de adultos mayores en la sociedad?

Por ahora parecería que más allá de las cuestiones personales de cada individuo, el adulto mayor ocupa el lugar de alguien asistido. Se le da una jubilación y una cobertura de salud de PAMI y listo.

Tanto el salario como la salud son sumamente necesarios y deberían ser muchísimo mejor de lo que son.

Pero nuestro planteo va más allá. Además de lo básico, el adulto mayor debería seguir ocupando un rol activo en la sociedad.

Una sola idea que puede ser un comienzo es la siguiente. Todos los adultos mayores han recorrido una trayectoria de vida en la que han incorporado saberes. Seguramente muchos tengan información valiosa sobre oficios, trabajos y profesiones.

Perfectamente podrían enseñar lo que saben a las generaciones jóvenes. De manera contraria esa información se pierde.

Claro que para comenzar con este proceso que necesita la tercera edad lo primero que tenemos que hacer es cambiar la mentalidad con respecto a la tercera edad. O para usar una frase de moda, cambiar el chip.

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