En esta situación no se puede regalar un peso


El Ministerio de Desarrollo Social admitió hoy haber pagado alimentos por valores que están encima de los precios máximos fijados por el mismo gobierno nacional. Según el ministro Daniel Arroyo no pudieron obtener mejores precios de parte de los proveedores. Si es así, ¿qué le queda al resto de la ciudadanía para cuidar precios?

Por Dr. Daniel Cassola

La pandemia de coronavirus abrió un nuevo escenario de emergencia en todo el mundo. Entre otras muchas cosas, el Estado debe ser el proveedor, más que nunca, de alimentos para aquellos que están en los márgenes de la economía y que, por el parate general, no pueden obtener su sustento. Para ello se requiere la compra extraordinaria de una serie de productos alimenticios.

Lo que no puede pasar es que el Estado no haga valer su lugar como cliente mayoritario en estas compras. Es de esperar que quien compra grandes volúmenes pague menos. Contra toda lógica el Ministerio de Desarrollo Social comandado por Daniel Arroyo explicó hoy que pagó precios que están por encima de los valores fijados por el gobierno, y en algunos casos incluso abonó más de lo que es necesario para conseguir productos en las góndolas de los comercios minoristas. O sea, el Estado no pudo hacer cumplir la lista de precios que fijó y, aún más, pagó precios más caros que los que se consiguen en supermercados o almacenes de barrio.

Veamos ejemplo. Desarrollo Social compró 680 mil botellas de 1,5 litros de aceite a 157 pesos cuando el precio fijado para ese producto es de 98 pesos. También se adquirieron paquetes de fideos a un promedio de 84 pesos cuando la lista de precios máximos indica que se deberían poder conseguir a 52 pesos. El último de los productos sindicado dentro de las compras desafortunadas es el azúcar: se pagaron 75 pesos por bolsa cuando el Estado las cotizó entre 50 y 56 pesos.

En todos los casos las compras son masivas. Cientos de miles de unidades de cada producto. De mínima lo que se debería esperar es que se cumpla con el precio fijado por el mismo gobierno. Pero tampoco es descabellado pedir que, ante el volumen de la compra, se pueda conseguir un precio que esté incluso por debajo del máximo permitido. No es un señor frente a una góndola de supermercado sino, seguramente, el principal cliente de las empresas que lo proveen.

La explicación oficial, por ahora, es endeble. En un comunicado oficial distribuido por el Ministerio de Desarrollo Social se admite el “error” y se indica que primó la urgencia sobre la capacidad de negociar. Se dice, incluso, que cuando los proveedores remitieron los precios se pidió una baja que no se dio. Entonces se decidió efectuar las compras de todas maneras. “En todos los casos pedimos rebajas, decidimos con un informe técnico comprarlo igual en el marco de la emergencia”, declaró hoy Arroyo en una entrevista televisiva.

La pandemia exige un esfuerzo de todos. Hay sectores de la economía parados por la cuarentena. El Estado debería afinar sus sentidos cuando organiza medidas extraordinarias, como el pago a jubilados en bancos o la compra masiva de productos alimenticios. Uno de los legados de la pandemia va a ser una situación económica muy delicada. En ese marco, no se puede regalar un peso.

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