En el año de pandemia el mal uso de antibióticos continuó fortaleciendo a microbios y bacterias

Se trata de un problema global. A los pacientes hospitalizados por coronavirus se les da, en un 70 u 80 por ciento de los casos, antibióticos contra infecciones respiratorias, aunque solo un 6 por ciento lo necesita. Se dan cada vez más casos de bacterias multirresistentes causantes de neumonía, meningitis e infecciones en la sangre, entre otras patologías.

Por Dr. Daniel Cassola

Es importante que la cuestión que preocupa a infectólogos y especialistas en todo el mundo quede clara de arranque. Al usar antibióticos o antimicrobianos de manera incorrecta y excesiva, lejos de prevenir enfermedades lo que se genera es que esos agentes que se busca combatir se fortalezcan. Las bacterias y microbios, está sobradamente probado, tienen capacidad de adaptarse a las drogas que los hombres usamos para combatirlos.

Como muestra del fenómeno, en Buenos Aires, la tasa de infecciones por bacterias multirresistentes cada 10 mil egresos hospitalarios en la Ciudad de Buenos Aires pasó de un 3,6 por ciento en 2010 a un 39,1 por ciento en 2014. Como con casi todos los aspectos de la vida, la pandemia hizo que todo empeore. De acuerdo a los reportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel global entre un 70 y un 80 por ciento de las personas hospitalizadas por Covid-19 reciben antimicrobianos frente a la sospecha de la presencia de una infección respiratoria baja (IRB), situación que no siempre está presente, ya que los reportes científicos muestran una posibilidad de coinfección, es decir la presencia del virus y además una bacteria, en no más de un 6 por ciento de los casos.

 “Se calcula que para el 2030 el consumo mundial de antimicrobianos aumentará un 67 por ciento y en el 2050 la resistencia antimicrobiana será una de las principales causas de muerte, superando al cáncer. La resistencia antimicrobiana avanza más rápido que la generación de nuevos antibióticos”, contó Wanda Cornistein, infectóloga, coordinadora del Programa de Resistencia Antimicrobiana de la SADI y Jefa de Control de Infecciones del Hospital Universitario Austral. La resistencia es un mecanismo natural que tienen las bacterias para defenderse de un ámbito que les resulta hostil. Muchas logran adaptarse a los antibióticos, generar mecanismos para sobrevivir y volverse más resistentes.

Se calcula que cada año unas 700.000 personas mueren en todo el mundo como consecuencia de la resistencia antimicrobiana y que de no tomarse medidas al respecto esa cifra llegará a los 10 millones para el 2050. Según señaló Francisco Nacinovich, integrante del Programa de Resistencia Antimicrobiana de la SADI y jefe de Infectología del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), el mecanismo de la resistencia necesita muy poco estímulo para gatillarse y no tiene que ver con la cantidad ni la duración de un tratamiento antibiótico.

“Un solo comprimido de cualquier antibiótico mal prescripto, sobre todo para infecciones virales respiratorias, es suficiente para que el microorganismo desarrolle los mecanismos para ser resistente a ese antibiótico. Los antimicrobianos cuando están indicados adecuadamente en una infección documentada, con cultivo y datos clínicos, erradican el germen y resuelven la enfermedad sin mayores consecuencias. Ahora, si se dan antibióticos para una infección viral, que es donde más se utiliza por error (para las bronquitis, para las faringitis, que en el 80-90 por ciento de los casos son causadas por virus), las bacterias que viven con nosotros habitualmente se sienten agredidas y reaccionan haciéndose resistentes”, indicó Nacinovich.

A su vez, Lautaro De Vedia, infectólogo, ex presidente de la SADI y jefe de la División Asistencia Especial del Hospital Muñiz de Buenos Aires, con la pandemia de Covid-19 la situación de la resistencia antimicrobiana tendió a empeorar, debido a la administración innecesaria de antibióticos por parte del equipo médico. “En un principio cuando uno recibía a un paciente no sabía si tenía coronavirus o una neumonía bacteriana, entonces ante la duda, particularmente en los pacientes graves, se le daba antibióticos hasta tener los resultados. Ahora tenemos recomendaciones que nos indican ser cautos, recordando la poco frecuente de la convivencia de bacterias y virus, y que si hay que hacer un tratamiento antibiótico debe ser por períodos más breves”, detalló De Vedia.

En algunas cuestiones el año pandémico puso al mundo en pausa. En otras lo empeoró. La salud atraviesa uno de sus momentos más difíciles. Con el personal agotado y diezmado, en el horizonte aparecen problemas cada vez más complejos derivados también de la pandemia, como la falta de diagnóstico y tratamiento de enfermedades no transmisibles o, el tema que nos ocupa hoy, las bacterias y microbios a los que, sin querer, estamos fortaleciendo.

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