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En Argentina 1 de cada 14 bebés nace con bajo peso


Por Dr. Daniel Cassola

El retardo de crecimiento intrauterino se produce cuando un bebé dentro del útero materno deja de crecer durante la gestación, lo que puede dar origen a un niño con bajo peso de nacimiento (BPN). Las causas de esta situación pueden ser ambientales, insuficiencia placentaria, maternas (edad, paridad, nutrición, enfermedades crónicas, medicaciones, tabaquismo, alcohol), y de origen genéticas o epigenéticas del propio feto.

Es una condición que en Argentina afecta al 7,3% de los niños, lo que representa una proporción de 1 cada 14 recién nacidos. De ellos, un 10% no recupera espontáneamente la talla y debe ser controlado por un endocrinólogo pediatra para evaluar la causa del retraso de crecimiento y decidir el tratamiento necesario. Si no hay otras patologías subyacentes, estos niños pueden necesitar tratamiento con hormona de crecimiento para alcanzar una talla adecuada.

“El retardo de crecimiento se da en todo el mundo, con prevalencias y etiologías diferentes. Es una condición que, por distintas causas, se presenta en todos los niveles socioeconómicos. Por ejemplo, en madres de bajos niveles socioeconómicos predomina la nutrición inadecuada, anemia o mayor prevalencia de infecciones, mientras que en los niveles medios y altos, por técnicas de reproducción asistida, tabaquismo, exceso de estrés o por otras patologías crónicas”, sostuvo Marta Ciaccio, endocrinóloga pediatra y Jefa del Servicio de Endocrinología del Hospital Garrahan.

“Un trabajo reciente, de nuestro país, muestra en espejo cómo aumentó la incidencia de BPN luego de la crisis económica de 2001, cuando bajó el Producto Bruto Interno. Luego, cuando se recupera el PBI, vuelve a los niveles habituales. La crisis socioeconómica afecta la nutrición, la calidad de vida y las prestaciones médico-asistenciales de prevención y protección de la salud, que son tan importantes durante el embarazo y lactancia”, explicó Ciaccio.

Para Nora Saraco, doctora en Biología Molecular y Bioquímica del Laboratorio de Endocrinología Molecular del Servicio de Endocrinología del Hospital Garrahan “está descripto -mediante el estudio en placentas- que en algunos casos de retardo de crecimiento intrauterino está modificada la expresión de genes y esto está relacionado con la epigenética”.

La epigenética comprende a las modificaciones en la estructura del ADN que hacen que cambie la expresión fenotípica del genoma sin alterar la secuencia del ADN, en la cual pueden intervenir factores del ambiente, alimentación, clima, estado psicológico, estrés, tóxicos y medicamentos, entre otros.

“Todos estos factores pueden modificar el ADN, por procesos epigenéticos, y eventualmente estar involucrados en el retraso de crecimiento intrauterino. Lo que se está estudiando actualmente es qué mecanismos epigenéticos y qué genes están involucrados”, afirmó Saraco.

Según explicó la Dra. Ciaccio, nacer con BPN no es una enfermedad, pero es una condición de la que pueden esperarse problemas a corto y a largo plazo. “Los niños nacidos con BPN tienen una prevalencia mayor de complicaciones a corto plazo, como exceso de glóbulos rojos, hipoglucemia e infecciones neonatales, que pueden requerir internación y cuidados especiales. Entre las consecuencias a largo plazo, puede haber talla baja en la infancia y adultez y en la edad adulta son más frecuentes las alteraciones metabólicas e hipertensión arterial. No es causa-efecto, pero estas condiciones son epidemiológicamente más frecuentes en este grupo de pacientes”, señaló.

“Al momento del nacimiento, no hay subdiagnóstico, sí puede haberlo después, durante el control pediátrico de los niños, en el caso de que el pediatra no conozca el antecedente de BPN, y por lo tanto no pueda considerarlo como posible diagnóstico de la causa de la baja talla del niño. Hay una ventana de tratamiento que es aproximadamente a partir de los 4 años, que es cuando se debe investigar si los niños nacidos con BPN han recuperado un carril de crecimiento dentro de lo normal o persisten bajos. Si persisten bajos es el momento de ser derivados a un endocrinólogo pediatra para realizar el diagnóstico y eventualmente iniciar un tratamiento. La magnitud de respuesta al tratamiento hormonal en líneas generales se traduce en 8 centímetros más de ganancia de talla adulta para las niñas y en los varones, entre 9 y 10 cm; representa la ganancia de talla comparada con la que iban a tener si no eran tratados”, describió Ciaccio.

La edad mínima para la indicación de terapia con hormona de crecimiento es de 4 años y los niños se tratan hasta que dejan de crecer. El costo del tratamiento está cubierto al 100% por las obras sociales y el Plan Médico Obligatorio. Los datos y testimonios aquí vertidos se produjeron en el marco de las Jornadas de Actualización en Endocrinología Pediátrica ‘Connect 365’.

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