El tabaquismo baja pero continúa afectando a 9 millones de argentinos


Por Dr. Daniel Cassola

Por el cambio cultural con respecto al cigarrillo que se llevó adelante en este y otros países durante las últimas décadas, las cifras de fumadores han ido decreciendo poco a poco.

El tabaquismo es una epidemia que tiene consecuencias no solo en la salud de las personas que lo consumen sino también en las personas que se encuentran expuestas a él, ya que el humo que libera resulta farmacológicamente activo, toxico y cancerígeno.

Según las cifras, es una epidemia que afecta a 9.000.000 de personas en el país. La prevalencia de consumo de tabaco en el 2005 era de casi un 30% mientras que la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo arrojó que la cifra se redujo a un 22%, indicador que evidencia que las políticas públicas puestas en marcha en los últimos años han tenido buenos resultados.

Es muy normal que ante un control médico de rutina una de las preguntas sea: ¿Fumas? ¿Hace cuánto tiempo? ¿Cuántos cigarrillos? Y el resultado de dicho interrogatorio sea: “Tenés que dejar de fumar”, lo cual indicarlo desde el lado “medico” del escritorio es sencillo de realizar, pero muy difícil de llevar a cabo por alguien que tiene este mal hábito arraigado desde hace tiempo.

Aunque no parezca, los daños que genera el tabaco en nuestro organismo pueden manifestarse con diferentes sintomatologías impensadas para el consumidor al momento de cada pitada. Desde molestias gastrointestinales hasta irritaciones en la piel, son de los síntomas que pueden aparecer y tras una extensa investigación sobre el agente causal, la respuesta es más simple de lo que esperamos: es el cigarrillo.

Ahora bien, sabemos que fumar es altamente perjudicial para la salud no solo porque lo dicen las imágenes aterradoras en los paquetes de los cigarrillos sino por las muertes que se lleva a cuestas. La salida ante sus perjuicios es la cesación tabáquica, pero lo cierto es que, para la gran mayoría de las personas, resulta ser una tarea muy difícil de realizar con éxito. En algunos casos, las personas refieren sufrir de ansiedad, irritabilidad, alteraciones en el humor y grandes cambios en su peso, cuando toman la decisión de mejorar su calidad de vida.

Reemplazar el cigarrillo por comida tampoco es la mejor opción: la mayoría de las personas cambian este “chupete” por alguno de tipo electrónico en el mejor de los casos, y en otros casos por comida, caramelos u otras golosinas para calmar esa ansiedad, lo que tampoco es recomendado ya que predispone al aumento de peso y estaríamos generando una elevación en las cifras de sobrepeso y obesidad, las cuales a diferencia de las cifras de prevalencia de consumistas de tabaco, siguen en aumento año tras año.

Dejar de fumar y no subir de peso es una tarea posible, aunque requiere de buena predisposición, organización y grandes cambios de hábitos ya que también, el consumo de tacaco está asociado a malas costumbres a la hora de comer.

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