El súper papelón

Por Dr. Daniel Cassola

La final del mundo, el partido más esperado de todos los tiempos, la fiesta del fútbol, el súper clásico o como lo quieran llamar terminó en un escándalo total. Falló absolutamente todo.

El único punto crítico del operativo de seguridad era el ingreso y egreso de los vehículos con el plantel y los dirigentes de Boca. Al menos la entrada no podría haber sido pensada peor. Ni la policía ni los funcionarios son los que tiraron piedras, botellas y un sinfín de objetos pero es de suponer que los operativos de seguridad deben ser diseñado pensando que lo peor puede suceder.

Tiene su parte estelar en el papelón parte de la gente que concurrió a lo que debería haber sido un espectáculo. En la era de las redes y las cámaras en la que vivimos pudimos ver no solo cómo se arrojaba cualquier cosa contra el micro del equipo visitante sino también como una mujer envolvía a una criatura con bengalas para eludir los controles e ingresarlas al estadio. O sea, la estupidez, la posibilidad de prender una bengala en un estadio por sobre la salud de una menor, quizás su hija o su sobrina. Debería poder identificarse a quien fue responsable de esa salvajada.

Hubo también todo tipo de desmanes. En los ingresos al estadio hubo avalanchas de gente que derrumbaron las vallas provocando lesiones graves en algunos hinchas. Por ejemplo un padre relató que sufrió la fractura de uno de sus tobillos cuando una valla metálica cayó sobre su pierna. El hombre, que tenía entrada, debió ser trasladado a un hospital. Sus hijos pudieron entrar en la cancha, solo para esperar la suspensión.

En los alrededores de la cancha hubo desmanes, saqueos, enfrentamientos con la policía y golpizas entre hinchas. Todo transmitido por redes sociales y noticieros al instante, para aquí y para todo el mundo que lo quiera ver.

Según la versión oficial del gobierno porteño todo fue fogoneado por una fracción de la barra de River que, durante la semana, sufrió allanamientos en los que se encontraron 200 entradas para la reventa y alrededor de diez millones de pesos en efectivo. La represalia fue generar el caos, incitar a la violencia, hacer todo lo posible para la suspensión del partido. Si la intención fue esta debemos corregir algo que dijimos antes. Entonces no todos fracasaron. Los barras lograron su objetivo.

Todas las soluciones parecen llegar tarde. La dirigencia de River dice que no sabe quiénes arrojaron las piedras y que también desconoce quiénes les dieron las entradas para la reventa a los barras. Hoy el presidente de la nación anunció que va a convocar a sesiones extraordinarias del Congreso para tratar un proyecto sobre violencia en eventos deportivos. ¿No hay leyes vigentes para castigar a quienes tiran piedras y venden entradas de manera ilegal?

Parece ser tarde para las supuestas soluciones, para la indignación y para los lamentos. Pasó la superfinal y fue un súper papelón.

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