El rastreo de contactos, la tarea crucial durante la fase estricta de la cuarentena


Para cortar la transmisión hay que ubicar a los contactos de los positivos, sobre todo, durante los días en los que el contagiado se mantuvo asintomático. La mayor movilidad y los encuentros ‘clandestinos’ son vistos como la razón de la escalada en el número de enfermos.

Por Dr. Daniel Cassola

Allá lejos en el tiempo, durante marzo, la gran mayoría de los primeros casos de coronavirus fueron los importados, los que volvían de vacaciones o viajes de trabajo en Europa o Asia y traían el virus con ellos. Con la suspensión de los vuelos esa cadena de transmisión se cortó. Entonces hubo que hacer foco en los contactos estrechos y los de conglomerado. O sea, las personas, que más lejos o más cerca, estuvieron alrededor de los positivos. Cuando el problema escaló ya la forma de transmisión preponderante es la comunitaria. O sea, no se sabe cómo ni de quién, esa persona que llega con síntomas al sistema de salud, contrajo el coronavirus.

Los rastros del contagio se difuminan porque los portadores pueden distribuirlo en la fase asintomática, es decir cuando están por enfermar pero aún no lo saben. Para cuando esa persona recibe el diagnóstico positivo, el virus, por decirlo de alguna manera, ya se puede haber escapado de la red de contactos porque es posible que ya haya contagios dos eslabones más adelante. ¿Cómo es esto? Supongamos que un hombre, el señor A, va a la guardia con síntomas y se le realiza el test. A la noche tiene el resultado: positivo. Lo que se sabe del coronavirus es que un infectado puede contagiar, al menos, hasta dos días antes de presentar síntomas. Entonces, el señor imaginario de nuestro ejemplo, puede haberse cruzado con alguien, el señor B, a quien contagió. Hay dos cuestiones que pueden haber sucedido para cuando al señor A le dicen que porta el coronavirus y le preguntan con quién estuvo en contacto recientemente. Una es que el señor B no presente síntomas, por lo que quizás ni siquiera se testee, y esté, a su vez contagiando. La otra es que el señor B ya haya presentado síntomas, pero que, durante los días transcurridos ya haya señores C, D o E. Entre ellos y el señor A la conexión es indirecta, por medio de B, difícil de rastrear si se hace un trabajo superficial.

Según los especialistas el relajo que sufrió la cuarentena en las últimas semanas favoreció la transmisión comunitaria. El químico Roberto Etchenique, investigador del Conicet en el Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía, de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, comentó, en diálogo con el diario Tiempo Argentino: «Lo que uno ve, no es lo que pasa. La gente en la calle comprando en negocios con barbijos no trae problemas. La incidencia de eso es ínfima. Esa gente en realidad va a ver a otra gente. Ese es el verdadero problema. Hay muchos más niños en baúles, fiestas clandestinas y baby showers de los que se detectan. Si agarraron a uno, es porque hay muchos más».

Si se continúa con el razonamiento el trabajo a realizar es voluminoso. Según plantea Etchenique «cuando alguien está infectado de Covid-19 empieza a contagiar desde el día cero, hay que pensar que los 2200 casos por día en el Área Metropolitana ya pueden haber contagiado a otros veinte cada uno en los últimos siete días, a los cuales también hay que buscarles los contactos cercanos de los últimos siete días y aislarlos».  Para saber de qué estamos hablando es necesario explicitar que se considera contacto estrecho a alguien que estuvo a menos de dos metros distancia, y durante por lo menos 15 minutos, hasta dos días antes que se inicien los síntomas.

Aquí es donde ingresa en consideración el tan mencionado plan Detectar. Por ahora se aplicó, pero mucho menos de lo que es necesario. En provincias con pocos casos y algunos pequeños brotes el plan funcionó bien. Por ejemplo, en Córdoba. Cuando se abrió allí el Mercado Norte se registraron casos. Entonces se rastrearon contactos, se hicieron 2600 tests, que como resultado arrojaron 61 positivos. Poca positividad y alrededor de 30 pruebas, en promedio, por cada infectado. Son buenos resultados. En cambio, en el AMBA, donde los números de los contagios son mucho mayores el problema tiene otra dimensión. Según información del Ministerio de Salud porteño en junio hubo alrededor de 13 mil positivos y poco más de 22 mil tests a contactos estrechos. Son muchos tests, pero también muchos menos de los que deberían ser en un contexto ideal.

Por eso, más allá de las restricciones, los cortes en los accesos y las prohibiciones, que se espera que sirvan para frenar la tasa de contagios, lo que se quiere es ganar tiempo para poder mejorar el rastreo y la detección. No se puede hablar de terminar con transmisión comunitaria porque eso es una meta imposible pero sí es importante frenar los contagios, ponerles algún tipo de coto. El volumen de los casos requiere de esa tarea.

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