El pico puede pasar pero, por ahora, el problema queda

Así se refirió ayer a la situación actual el presidente Alberto Fernández, durante la inauguración de un hospital en La Matanza. Comienzan las reuniones para definir el futuro de la cuarentena. Al parecer, los contagios se estabilizan en la Ciudad mientras continúan al alza en provincia.

Por Dr. Daniel Cassola

Con el plazo de vencimiento de esta última fase de la cuarentena el próximo domingo 2 de agosto, los funcionarios de los gobiernos nacional, porteño y provincial comienzan con las reuniones y conversaciones para definir los próximos pasos a seguir. Quizás como nunca antes desde marzo a hoy, la situación entre los dos principales distritos parece comenzar a diferenciarse. En este marco, un endurecimiento del confinamiento ahora está prácticamente descartado. Principalmente, porque es posible que ya nadie lo respete. Cualquiera que haya caminado unas cuadras por la ciudad o los principales distritos del Conurbano durante los últimos días puede arribar a esa conclusión.

Probablemente lo que esté en discusión es cómo avanzar, o no, con la reapertura de las actividades que permanecen suspendidas. Por ahora no se detectaron aglomeraciones en el transporte público, pero en algún momento, si cada vez abren más negocios, empresas, comercios y actividades, como por ejemplo la construcción, los trabajadores van a tener que utilizarlo. El porcentaje que puede acceder a su puesto de trabajo en vehículo propio, bicicleta o a pie es pequeño.

Ahora bien, ¿el pico llegó? Todavía tal cosa no se puede afirmar. La última tendencia clara que se registra es al alza. La positividad de los testeos es muy alta, por lo que se considera que hay muchos contagios que pasan por debajo del radar. Hay circulación comunitaria del virus en todo el AMBA, y en el interior se producen brotes. Una semana Jujuy cierra todo, en la otra Río Negro mientras otras provincias, como Córdoba, parecen salir de las medidas de aislamiento. Pero el camino no es unidireccional. Es todo intermitente, como se fijó cuando se anunció esta última fase de la cuarentena que estamos transitando.

En cuanto al AMBA, las posturas de los dos gobiernos locales, nunca del todo iguales, ahora parecen encontrar su punto de mayor separación. Horacio Rodríguez Larreta está en el camino de la reapertura, y por ahora no hay ningún dato que lo haga cambiar de opinión. En tierras porteñas entienden que el pico le está dando lugar a la meseta y que pronto los casos, al menos lentamente, van a comenzar a bajar. El de ayer fue el registro de contagios positivos más bajo de los últimas dos semanas. De todas maneras, decir que en la Ciudad los casos ya comenzaron a disminuir sería, todavía, un exceso de optimismo.

Mientras tanto, en la provincia de Buenos Aires la preocupación se expresa con otro tenor. El ministro de Salud Daniel Gollán sostuvo que el sistema sanitario de la provincia de Buenos Aires podría colapsar en la segunda quincena de agosto. O sea, que según su visión, ese punto está muy cercano. El contagio se aceleró en las últimas semanas. Hoy, si se miden los nuevos casos de los últimos días, hay más positivos en Avellaneda, Quilmes o Lanús que en la propia Ciudad de Buenos Aires. No es que haya más casos nominalmente sino que medidos por cantidad de habitantes la proporción en el primer y segundo cordón del Conurbano comenzó a ser mayor.

Desde la presidencia a lo que se aspira es a una situación que continúe sin desbandes, ni hospitales saturados, ni pilas de cajones o ese tipo de imágenes que se registraron en otros países. Los porcentajes de ocupación de camas, especialmente en los servicios de terapia intensiva, todavía dan cierto margen. A ningún enfermo de coronavirus le faltó, por ahora, atención hospitalaria. Ese es un hecho que el gobierno quiere conservar. Todavía lejos de la solución definitiva, el problema de la pandemia continúa presente.

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