El mundo en vilo por los antivacunas que propiciaron el avance del sarampión


Por Dr. Daniel Cassola

Se expandió como un virus. Pero no se trata de una enfermedad sino de un concepto. Los antivacunas lograron llegar con su mensaje disparatado a distintas partes del mundo que hoy sufren nuevos brotes de sarampión.

Encontraron eco en algunas comunidades religiosas cerradas, y en miles de lectores desprevenidos. Por distintas razones hay gente que cree que las vacunas no solo ni sirven sino que dañan.

Las vacunas son productos de décadas de inversión en investigación y trabajo humano. Están probadas millones de veces. Su eficacia está probada. Y los pequeñísimos casos en los que pueden producir algún efecto adverso están tipificados al detalle.

Las vacunas sirven para prevenir enfermedades y funcionan. Eso es científicamente cierto, así como la tierra es redonda. Pero claro estamos en un momento muy particular de la humanidad donde miles parecen querer volver al medioevo.

Esta semana sufrió Nueva York. La ciudad, probablemente la más cosmopolita del mundo, declaró la emergencia sanitaria por un brote de sarampión.

“Han estado difundiendo información errónea y peligrosa basada en ciencia falsa“, indicó Herminia Palacio, funcionaria municipal agregando que “entiendo que los padres pueden tener miedo de que sus hijos sean vacunados, pero la vacuna ha demostrado ser segura y eficaz contra el sarampión desde la década de 1960”.

La vacuna para el sarampión fue autorizada en 1963, pero hoy en día todavía hay padres que se niegan a administrárselas a sus hijos, y a propósito los exponen a la enfermedad, porque creen que las vacunas pueden conllevar a desarrollar otras enfermedades como el autismo, o sencillamente por motivos religiosos no las aceptan como forma de prevención.

 “Exponer a su hijo no vacunado al sarampión es muy peligroso e incluso puede ser mortal“, dijo Palacio. “Instamos a todos a evitar esta práctica”. Esto refiere a que no solo hay gente que no vacuna a sus hijos sino que los expone intencionalmente al contagio para que contraigan la enfermedad de “manera leve” y desarrollen sus defensas. Una sinrazón total y absoluta.

El actual brote de sarampión es el mayor en la ciudad de Nueva York desde 1991 y actualmente está concentrado en la comunidad judía ortodoxa, principalmente en el vecindario de Williamsburg, en Brooklyn, donde se han contabilizado 285 casos.

Según las autoridades, una escuela en esa zona permitió que un niño no vacunado, y que presuntamente se había infectado en un viaje a Israel, regresara a la escuela en enero pasado y pudo haber enfermado a otros 40 menores en ese plantel.

Los funcionarios de salud de la Ciudad culpan de la propagación de la enfermedad a una campaña concertada de lucha contra la vacunación. El brote es parte de un resurgimiento más amplio a nivel nacional, con 465 casos reportados en 19 estados en lo que va de año, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

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