El modelo sueco contra la pandemia, sin cuarentena ni cierre de negocios

La revista Science, una de las más prestigiosas del mundo en el área científica, publicó un extenso análisis sobre el desarrollo de la pandemia en Suecia. La población no necesitó de grandes alertas para reducir la movilidad y cuidarse. De todas maneras registró un alto número de muertos por habitante.

Por Dr. Daniel Cassola

Ante un virus del que ahora se sabe un poco más que hace siete meses, cuando todo empezó, en los distintos países del mundo se reaccionó de formas diferentes. Los países asiáticos como China y Corea del Sur, con mucha disciplina social, contuvieron los brotes rápidamente. En Europa, sin esa conducta, el coronavirus se propagó fácilmente y causó estragos. Allí aparecieron las cuarentenas duras, las restricciones y los cierres que se replicaron, en mayor o menor medida, por el resto del planeta.

Sin embargo desde un principio Suecia optó por otro camino. No se impusieron cuarentenas ni se cerraron negocios. Tampoco se clausuraron lugares como los gimnasios. Quien diseñó la estrategia para luchar contra la pandemia allí es el epidemiólogo Anders Tegnell, que llegó a enviar un correo al Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) en el que expresaba su preocupación por la promoción de los barbijos como barreras a la propagación del coronavirus. El consenso científico mayoritario, sin embargo, sostiene que el uso de mascarilla disminuye la posibilidad de contagio.

Si bien el país optó por no decretar medidas obligatorias, en Suecia hubo una cuarentena de hecho. Según reveló el análisis de Science muchos suecos se quedaron en casa, en la misma proporción que sus vecinos europeos, según las encuestas y los datos de los teléfonos móviles. Quizás la medida más restrictiva que tomó el gobierno fue prohibir, a fines de marzo, las reuniones de más de 50 personas y las visitas a hogares de ancianos. 

Otro punto que destaca la revista es que los suecos optaron por “pagar un precio inmediato por la enfermedad”, y lograr la “inmunidad colectiva”, concepto sobre el cual se discute mucho. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostuvo esta semana que apuntar a conseguirla como política sanitaria no es “ético ni recomendable”. Así, las directivas comandadas por Tegnell desalentaron el uso de barbijos, porque «propagarían el pánico» y además, «a menudo se usan de manera incorrecta y pueden proporcionar una falsa sensación de seguridad».

Hasta septiembre, de manera oficial se sostuvo que era «muy poco probable que las personas sin síntomas evidentes propagaran el virus», por lo cual en vez de ponerlas en cuarentena y aislar a los contactos estrechos se alentó la asistencia a la escuela y al trabajo, «a menos que tuvieran síntomas». Otra de las indicaciones que fueron contra lo que hizo y hace la mayor parte del mundo. Dentro de Suecia un grupo de científicos formó un grupo llamado “Los 22” para alertar sobre el rumbo del gobierno ya que se oponen a las directivas, o a su falta, contra la pandemia.

El principal argumento de los científicos disidentes es que Suecia padeció una tasa de muertes por habitante demasiado elevada, de 58 cada cien mil habitantes. Estados Unidos, el país con más contagios, presenta un índice de 66, España de 71. En Argentina ese indicador está en 56 muertes cada cien mil habitantes, aunque la tendencia es a la alza.

Por los datos que aporta Science, y el resultado de muertos y contagios, el modelo sueco, en términos sanitarios, funcionó peor que la media, aunque no de manera desastrosa. Seguramente la conducta social y la conciencia de sus habitantes para adoptar cuidados, por más que el gobierno no los aliente, fueron un factor influyente. Por el momento, los países del mundo que presentan los mejores resultados sanitarios son los más disciplinados, los que consiguieron una misma conducta tanto desde el gobierno como desde la población.

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