El modelo de Singapur que combina longevidad y bienestar para los adultos mayores con crecimiento económico

Por Dr. Daniel Cassola

En los rankings de longevidad la población de Singapur, una república insular ubicada en el sudeste asiático, se encuentra muy bien posicionada con una vida promedio de 83,1 años. Según destaca la BBC de Inglaterra parte del éxito radica en que han hecho de la medicina preventiva el centro de su sistema de salud, obteniendo las tasas más bajas de mortalidad materna e infantil del planeta.

La calidad de vida se ha incrementado fomentando el ejercicio, por ello quienes visitan la ciudad estado que fuera colonia inglesa pueden apreciar un gran número de gimnasios y parques públicos en los que la población se ejercita. Los adultos mayores son comprendidos dentro de las políticas del gobierno, que recientemente abrió un parque terapéutico diseñado para reducir el estrés y mejorar la salud mental. Por último, las autoridades dispusieron impuestos altísimos para el alcohol y el tabaco, lo que conlleva un consumo menor que en otros países. El narcotráfico, directamente, está castigado con la pena de muerte.

A fines de los 80 Singapur no era lo que es hoy en día. En cuanto a sus números era un país más de los llamados “en vías de desarrollo” o de ingresos medios, comparable con el estatus que tiene hoy Argentina.

El primer paso fue aprovechar las ventajas comparativas, en este caso su ubicación en el mapa, clave para el comercio en el Océano Índico. Mediante una fuerte inversión en infraestructura Singapur se convirtió en uno de los puertos más importantes del mundo.

Luego se buscó convertir al país en una plaza atractiva para los capitales. El superávit fiscal fue adoptado por el gobierno como la religión oficial, y practicada con fanatismo. Desde 1999 a la fecha Singapur ha tenido en todos los años un superávit fiscal superior al 4 por ciento del PBI, salvo en el 2009, cuando ante el desplome de la economía mundial sufrió un déficit de 0,59 por ciento. En 2010 el superávit fue de 6,59 por ciento.

También alentó la educación y formación de su población, una clave fundamental para alentar la economía de servicios, el sector dominante en el siglo XXI. Así, Singapur es hoy la plaza financiera más importante de su región. En números pasó de tener un PBI que rondaba los 10 mil dólares per cápita a fines de los 80 a ser hoy uno de los países con mayores ingresos del planeta. Desde hace un lustro el PBI por habitante de Singapur gira en torno de los 50 mil dólares. La ciudad estado asiática quintuplicó su riqueza en menos de 25 años.

Aunque, es necesario aclarar, que no todas son luces. Por un lado Singapur puede ostentar uno de los sistemas políticos con menos corrupción del planeta, en el que los funcionarios más jerarquizados ganan lo mismo que si se desempeñaran en una empresa líder del sector privado.

La contracara del bienestar y del éxito está dada por lo que algunas organizaciones internacionales califican como “semi dictadura”. El cargo más importante del país, el de primer ministro, no se elige ya que se trata de un sistema parlamentario con reminiscencias inglesas. Esto es, la población elige a los parlamentarios y luego estos forman el gobierno. Desde 1959, cuando se fundó la república, a hoy ha habido solo tres primeros ministros. La república es en verdad algo parecida a una monarquía laica.

Por último, además de estar vigente la pena de muerte, según Amnesty International, el país no respeta la liberta de expresión, ya que los opositores al régimen que intentan publicar sus opiniones son encarcelados. Además, las relaciones homosexuales todavía son consideradas un delito.

A su manera, Singapur es uno de los países más exitosos del mundo. Quizás se pueda tomar como ejemplo sus aspectos positivos. Hoy Argentina, con 13.200 dólares de PBI per cápita en 2016, se asemeja al Singapur de finales de los 80. ¿Alguna vez se producirá el despegue?

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