El fumador pasivo

Fuente: Diario Epoca

A comienzos del siglo XXI el tabaquismo continúa siendo la primera causa evitable de enfermedad, invalidez y muerte prematura en el mundo.

Si fumas, seguro que ya sabes que el tabaco amenaza seriamente tu salud y tu vida, bien por experiencia propia o porque las advertencias impresas en cada paquete de cigarrillo que compras se encargan de recordártelo.

El tabaco es una droga legal y socialmente aceptada, altamente venenosa y adictiva, a la que se tiene un primer acceso en la infancia y que en nuestro país se presume es consumida por más de un tercio de toda la población.

El tabaco en nuestro país es el responsable directo de hasta 9 de cada 10 casos de enfermedades respiratorias crónicas y cánceres de pulmón, de casi la mitad de algunas de las enfermedades cardiocirculatorias y de 1 de cada 6 de todas las muertes. En todo el mundo muere una persona cada 9 segundos a consecuencia del tabaco.

Se puede consumir el cigarrillo en forma directa e inhalar el humo (fumador activo) o inhalar el humo que queda residualmente en las habitaciones (fumador pasivo).

Fumador pasivo es aquel sujeto que, pese a no consumir directamente productos provenientes de las labores del tabaco, aspira las sustancias tóxicas y cancerígenas provenientes de su combustión y propagadas por el humo que desprende la misma. Numerosos estudios alertando de los peligros para la salud de este tipo de consumo pasivo han llevado a algunas autoridades a prohibir el consumo público de tabaco para proteger a las personas de los efectos del humo ambiental de los cigarrillos. Los efectos en la salud por la exposición al humo del tabaco incluyen cáncer de pulmón, cáncer de los senos paranasales, infecciones de las vías respiratorias y enfermedades cardíacas.

No existe una cantidad sana de inhalación pasiva. Los niños, las mujeres embarazadas, las personas mayores y las personas con problemas respiratorios o cardíacos deben tener especial cuidado.

Los fumadores pasivos consumen involuntaria y peligrosamente, como media, el equivalente a una cantidad que va de tres a seis cigarrillos diarios, pero de un humo aún peor que el que inhala directamente el fumador con la pitada.

El humo ambiental del tabaco provoca el llamado «tabaquismo pasivo», el humo suspendido puede durar en el ambiente más de dos horas.
Se ha demostrado que el llamado humo de segunda mano (que en el caso de cigarros de tabaco es una mezcla de los humos liberados por el cigarro durante su combustión y el humo exhalado por los fumadores) produce los mismos efectos que la inhalación directa del humo de tabaco en los fumadores, incluyendo enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón, bronquitis y ataques de asma.

Las concentraciones de sustancias tan tóxicas como el monóxido de carbono y la nicotina, entre otras, son mayores en el humo ambiental que en el de la pitada (tres veces más nicotina y alquitrán, y cinco veces más monóxido de carbono). Esto se agrava con el hecho de que las partículas del humo ambiental son de más pequeño tamaño y se queman más lentamente, lo que además de producir más sustancias tóxicas, les permite introducirse en la nariz y la boca con mayor facilidad que las del humo inhalado directamente con la pitada. El resultado es que actúan de forma muy dañina y por mecanismos diferentes a los del humo que se traga el fumador con sus pitadas.

Así, se ha encontrado que las concentraciones de alquitrán y monóxido de carbono en fumadores pasivos son similares a los de un fumador de tabaco «normal» de cinco cigarrillos diarios.

Una persona que está ocho horas diarias en una habitación de 30 m2 en la que se fuman tres cigarrillos por hora aspira un humo equivalente al de dos o tres cigarrillos durante el total de ese tiempo.

Pese a que dichas concentraciones están influidas por la cantidad de fumadores activos y pasivos, el número de cigarrillos fumados por hora, y la ventilación de la habitación en la que se encuentran y sus dimensiones, temperatura y humedad, lo cierto es que el humo ambiental del tabaco puede producir graves enfermedades coronarias, cáncer de pulmón, crisis asmáticas y un mayor número de infecciones de las vías respiratorias, enfermedades a las que son más vulnerables los recién nacidos y los niños en general, las mujeres embarazadas y los enfermos crónicos, especialmente los que sufren enfermedades respiratorias.

El fumador pasivo sufre las enfermedades que el tabaco produce pero no se convierte en adicto. Esto se da porque, pese a las elevadas concentraciones de nicotina presentes en el humo ambiental, el fumador pasivo la absorbe en una proporción muchísimo menor que la persona fumadora. Esto limita las posibilidades de adicción y dependencia, junto con el hecho de que este humo que se «fuma» el fumador pasivo actúa por mecanismos diferentes que el aspirado por los «activos», que hacen que la nicotina no ejerza su influencia sobre el cerebro de forma inmediata, rapidez que, sin embargo, es necesaria para que se produzcan en el cerebro las reacciones que provocan la adicción. Al contrario que en los pasivos, en los fumadores activos la profunda pitada hace que la nicotina llegue al cerebro en sólo siete segundos.

Ningún sistema de ventilación está preparado para eliminar el humo. Su principal función es la de limitar la acumulación de CO2 que las personas exhalan y eliminar los olores. Un sistema de ventilación necesita al menos tres horas para eliminar el 95% del humo de un solo cigarrillo… y el 5% que queda es todavía nocivo. Airear una habitación no hará más que diluir el humo sin volver el aire más sano, dado que no existe un nivel de seguridad conocido de exposición a los cancerígenos.

Sólo existe una forma eficaz de eliminar el humo de tabaco del aire en lugares cerrados: suprimir la fuente de contaminación.

Qué hacer frente al tabaquismo pasivo
Si fumas, tienes que ser consciente de los problemas que puedes ocasionar a las personas que te rodean. Antes de encender un cigarro, evalúa si hay personas especialmente sensibles a los efectos del humo del cigarrillo. Nunca fumes delante de niños o mujeres embarazadas. En lugares públicos, sólo fuma en áreas habilitadas para ello. Además, siempre que te sea posible, fuma en espacios abiertos o al aire libre y crea en tu casa zonas “libres de humo”, así también reducirás el número de cigarrillos que fumas.

Si no fumas, frecuenta siempre los establecimientos libres de humo y las zonas de no fumadores. Es un mito que los restaurantes para no fumadores ganan menos que los que permiten fumar. Si alguien fuma a tu alrededor, explícale educadamente que no quieres inhalar el humo que está generando su cigarro

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